LA VISIÓN
Es éste un capitulo crucial para ayudarnos a entender mejor el mundo de las sectas. Vamos a hablar de la enorme relatividad de la visión que los seres humanos tenemos sobre las cosas. Cada persona vemos el mundo de forma diferente a los demás, incluso somos capaces de ver la vida de forma diferente según el estado de ánimo que tengamos en ese momento o las circunstancias que nos estén afectando en determinada época de nuestra vida.
Una persona sin empleo puede ver mucho más negro el mundo que otra integrada en el mundo laboral. Nuestro cerebro sintetiza los datos que recibimos a través de los sentidos según las preferencias culturales y las circunstancias personales de cada cual. Una sencilla caricia puede ser recibida por una persona temerosa como un intento de agresión, y, por una persona receptiva al cariño, como un gesto de amor. Tal es la variedad de las formas en que diferentes personas pueden recibir un mismo estímulo a través de los sentidos que se llega a decir, en el caso de la vista, que los ojos no ven, es el cerebro quien realmente ve.
La ciencia sabe que nuestro cerebro recibe los datos que le llegan a través de los sentidos en forma de impulsos eléctricos, como lo hace un ordenador con las señales que le llegan de sus sensores. En realidad no vemos imágenes ni percibimos olores, ni gustamos sabores; son únicamente impulsos eléctricos los que recibe nuestro cerebro, sentimos diferentes sensaciones porque dichos impulsos de cada sentido son enviados a la zona precisa del cerebro que así lo interpreta. Si pudiésemos cambiar en el interior del cerebro el nervio de la retina por el del oído, escucharíamos a través de los ojos sonidos cada vez que la luz llegase a la retina, y veríamos flases de luz y colores cuando algún ruido llegara a nuestros oídos.
A modo de ejemplo baste con decir que los colores en realidad no existen, son una creación de nuestra mente. A través de la retina recibimos una pequeña gama del amplio espectro de radiaciones electromagnéticas, y nuestro caprichoso cerebro se digna a darle un color diferente a cada frecuencia; de esta forma vemos en colores. Si nuestros cerebros no hicieran eso probablemente veríamos un mundo en blanco y negro, tendríamos una visión menos alegre de como vemos en realidad. Dada la importancia del color en nuestra vida, este ejemplo nos puede dar la idea de la enorme importancia que tiene la capacidad moldeadora de la visión de nuestra mente, creamos en nuestro interior las características y las circunstancias más importantes que moldean lo que percibimos.
Esto se produce a un nivel general, a un nivel de raza. El resto de animales ven de forma diferente a nosotros, su espectro de visión no se resume al arco iris. Cada especie de seres vivos ve la realidad distinta a los demás. Pero no pensemos que todos nosotros, como seres humanos, vemos el mundo de forma semejante porque pertenecemos a la misma especie de seres vivos y percibimos el mismo espectro de vibraciones electromagnéticas. Entre cada uno de nosotros existen notables diferencias de percepción que nos hace ver la vida de forma distinta a los demás.
Los impulsos eléctricos que cada sentido envía al cerebro son procesados y sufren un proceso de filtrado. Todas las imágenes que llegan a la retina son enviadas a la zona del cerebro que procesa los datos del sentido de la vista, allí se codifican y se envían a la corteza cerebral, y es en ésta donde se produce una selección según las preferencias personales, el interés del momento, o el estado de ánimo; así recibimos una imagen de lo que únicamente queremos ver, el resto, sencillamente, no lo vemos. Esa es la función del programa cerebral de selección de preferencias. Si mostramos una imagen compleja a personas diferentes, y después les preguntamos que han visto, sus respuestas serán desiguales. E igualmente sucede con los demás sentidos. De hecho, si fuéramos conscientes de todos los estímulos que entran en nuestro cerebro constantemente a través de nuestros sentidos, si todos esos impulsos eléctricos no fueran filtrados por el programa de preferencias personales, nos volveríamos locos ante la inmensa cantidad de datos que nos resultaría imposible asimilar.
Esta selección de datos comienza a realizarse en el cerebro en la infancia, ya desde niños se nos inculcan las principales preferencias culturales correspondientes a la sociedad en la que nacemos. Aprendemos primero procesando patrones sencillos y luego vamos añadiéndoles complejidades, como si fuéramos componiendo las piezas de un puzzle. Nuestro cerebro moldea nuestra percepción a través de patrones a los que va añadiendo datos a lo largo de la vida. En realidad, cuando vemos algo, no lo vemos tal y como es, sino que vemos el pasado de ese algo, modificado con los matices actuales. Los datos procesados de los sentidos que llegan a la corteza cerebral buscan donde encajar, como si de recomponer un puzzle se tratara, y terminan en el patrón de la memoria donde mejor se acoplan; de esta forma no llega a nuestra conciencia lo que vemos en el momento, vemos nuestras experiencias pasadas ampliadas por el estímulo actual.
Si la cultura en la que nacemos nos proporciona los patrones más importantes, serán después las preferencias del individuo las que desarrollen más unos patrones u otros, e incluso se pueden llegar a crear otros nuevos partiendo de cero. El cerebro pone su capacidad operativa a disposición de los intereses o preferencias de los individuos, utilizando grandes zonas de su materia gris para los temas que más nos interesan y para los sentidos que más utilizamos, y dedica menos materia gris a lo que menos nos importa. Tenemos, por ejemplo, a los aficionados a la música, con un elevado número de neuronas dedicadas a procesar lo que les llega al cerebro a través del sentido del oído; y entre esas personas las habrá adiestradas desde niños, probablemente genios de la interpretación; sin embargo, tendremos otras personas adultas que, sin haber recibido educación musical en la infancia, partiendo de cero, han ido poco a poco entrando en el mundo de la música, obligando a su cerebro a crear dentro de sí un nuevo puzzle de procesamiento de datos musicales y a desarrollarlo. Por consiguiente, somos muy capaces de cambiar nuestros patrones heredados de aprendizaje, con lo que cambiaremos también la visión del mundo en el que vivimos.
Una sociedad se compone de individuos que tienen en sus mentes unos programas de selección de preferencias más o menos semejantes, ya que ésta es una condición indispensable para una fluida comunicación entre ellos. Cuando algunos individuos desarrollan más que los demás alguna preferencia, llegan a formarse grupos elitistas que alcanzan un nivel de incomunicación con la gran masa en proporción al grado de intensidad con que vivan su especialización. Pero si unos individuos deciden cambiar los principales valores de sus mentes, patrones básicos de la sociedad en la que viven, dificultarán gravemente la fluidez de la comunicación entre ellos y el mundo que los rodea, quedarán excluidos de la sociedad a la que pertenecen y, probablemente, formarán otra compuesta por las personas que han realizado esos mismos importantes cambios en sus mentes y tienen una visión del mundo semejante. Este es el caso de las sectas.
En nuestra sociedad se permiten grandes libertades, pero siempre dentro del marco o esquema general básico indispensable para una fluida comunicación entre los individuos. Si alguien se sale demasiado de este mapa, queda excluido de nuestra colectividad.
Es de urgente necesidad reconocer este hecho e intentar remediarlo para evitar el desmembramiento de nuestra sociedad. Puede parecer que necesitaremos hacer un esfuerzo extraordinario para acercarnos a comprender a todos aquellos que se nos alejan demasiado, pero quizás no sea así; probablemente, con sólo desperezar nuestra forma de comunicarnos sea suficiente para entender a quienes ven el mundo de forma muy diferente a nosotros. No conocemos los límites de nuestro entendimiento ni de nuestro cerebro, el intentar comprender a aquellos individuos o grupos que abandonaron los esquemas básicos de nuestra cultura buscando opciones de vida alternativas, en vez de descalificarlos con el contundente calificativo peyorativo de sectarios, puede crear una nueva forma de comunicación “para largas distancias” que integre en nuestra sociedad a quienes se alejaron demasiado de ella. Despreciarlos por distintos es una forma de racismo intolerable para el hombre auténticamente civilizado. Nuestro mundo, el mundo que vemos nosotros, no es tan modélico como para erigirlo por encima del mundo que viven los miembros de las sectas; de hecho, aquí vivimos errores y barbaridades muy parecidas a las que vemos en las sectas, pero nos sucede que no las vemos o nos hemos acostumbrado a ellas.
Uno de los mayores atrevimientos que me permito en este texto es el de considerar a nuestro mundo civilizado como una forma de vivir semejante a la de las tan criticadas sectas. Si observamos nuestra intolerancia intelectual, los cerrados esquemas culturales que habitualmente nos obligamos a adoptar para integrarnos socialmente, podemos considerar a nuestra sociedad actual como la autentica secta dominante, con su visión personal del mundo tan llena rituales sociales, de fantasías, hermetismo, fanatismos y engaños, como los que habitualmente vemos que suceden en las sectas. Nuestra visión personalizada y colectivizada de la vida, al igual que sucede en las sectas, nos impide ver nuestros errores, y, por lo tanto, el corregirlos. Vemos la paja del ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.
Una actitud comprensiva reduciría el diálogo de sordos que existe entre nuestra sociedad y las sectas más distantes de nosotros. El muro de incomunicación que nos aparta de ellas habrá de ser derruido si no queremos correr el peligro de desmembrar seriamente nuestra sociedad. No podemos seguir luchando contra lo evidente, ni expulsar de nuestro lado a quienes tienen una visión del mundo diferente de nosotros; esto, además de no ser civilizado, es incluso peligroso. La guerra entre las sectas y la sociedad dominante ya nos ha dado bastantes disgustos como para no emprender un armisticio. No tenemos derecho alguno de tratar como a un enemigo a todo aquel que se atreve a experimentar otras formas de vivir y de ver la vida. Sería muy recomendable incluso aprovecharnos culturalmente de esas diferentes visiones de la realidad, pues pueden aportarnos diversos enfoques del mundo y de la vida que enriquecerían nuestra conciencia. Es mucho mejor abrirnos voluntariamente a un intercambio cultural, porque involuntariamente ya lo estamos haciendo. Las personas sectarias viven entre nosotros, y, lo queramos no, el intercambio cultural es inevitable. En unos casos para llenarnos de preocupaciones negativas, contagiados por los agoreros apocalípticos, y, en otros casos, influenciados por sus sugestivos entusiasmos.
No creo equivocarme si afirmo que la ya famosa “visión positiva” de la vida nació en las incubadoras sectarias para más tarde contagiar a toda nuestra sociedad. Ya es de dominio público que la forma de ver la vida tiene una gran importancia para la felicidad del ser humano. Últimamente se está poniendo gran empeño en la necesidad de tener una visión positiva de la vida para ser feliz. El “pensamiento positivo” se ha hecho muy popular.
Una visión entusiasta ante la vida puede hacer que el programa de selección de preferencias de nuestro cerebro filtre los datos que le llegan de los sentidos y nos muestre un espectáculo de un mundo feliz. Observar el mundo en positivo nos puede ayudar a ser más felices, pero hasta cierto punto. Si las circunstancias de la vida se nos ennegrecen demasiado, si a través de la vista vemos un gran sufrimiento, violencia y muerte; a través del tacto sentimos grandes dolores y enfermedades, etc., ardua labor de selección estaremos imponiendo a nuestro cerebro para que continúe mostrándonos un mundo feliz.
Muchas sectas obtienen su visión del mundo inducidas por sus maestros, doctrinas, moralidades, o sus escrituras sagradas particulares. Mediante la fe en ellas programan su particular mapa de preferencias y obtienen una visión del mundo diferente a nosotros. Pero nuestra mente difícilmente puede ofrecernos una visión positiva de una realidad negativa o viceversa. El programa de selección de preferencias puede filtrarnos ciertas realidades que no deseemos ver, pero, si todo lo que entra por nuestros ojos está lleno de esas realidades, tarde o temprano habremos de modificar el programa de selección de preferencias para adecuarlo a la realidad que recibimos por nuestros sentidos.
Ahora bien, cuando observamos a algunos miembros de sectas que parecen vivir en otro mundo muy diferente al nuestro, nos preguntamos cómo es posible que personas aparentemente normales puedan llegar a semejante grado de sugestión como para comportarse en contra de toda lógica y mantener esa postura durante tanto tiempo. Sus actividades y posturas ante la vida nos hacen sospechar que no puede ser solamente su programa de selección de preferencias los que les dan una visión de mundo tan diferente a nosotros, sino que hay algo más. Y así es: lo que principalmente les empuja a tomar esas actitudes tan extrañas, y tan diferentes a las nuestras, no son exclusivamente las sugestiones, sino las percepciones extraordinarias que les llegan a través de los sentidos.
Estamos hablando de las percepciones extrasensoriales.
LA PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL
El estudio de las facetas ocultas del ser humano parece indicarnos que las limitaciones de nuestros cinco sentidos no son las que habitualmente creemos. Todo parece indicar que por cada uno de ellos podemos recibir señales que no siguen los cauces normales. Es como si pudiéramos ver y oír sin utilizar los ojos ni los oídos. Existen infinidad de teorías esotéricas que pretenden explicar estos hechos. Cada secta, cada doctrina, cada religión los explica a su manera, y siempre aprovechando la oportunidad para apoyar gratuitamente sus hipótesis sobre las magnitudes ocultas que ellos defienden.
No vamos a detenernos a estudiar todas las hipótesis que existen, pues se nos haría interminable, y seguro que nos dejaríamos alguna. Si hubiera algún acuerdo entre tanta teoría lo anotaríamos, pero, como el clásico desacuerdo en este tema se hace más notable que nunca, no vamos a perder el tiempo en hablar de ellas.
Las percepciones extrasensoriales parecen generarse en el propio cerebro, todo parece indicar que la materia gris destinada al sentido de la vista o del oído, por ejemplo, ve y escucha por su cuenta las señales que le llegan de otras zonas del cerebro. De esta forma cada sentido puede percibir señales que no le llegan a través de su órgano correspondiente sino de la propia mente. Y con esto no quiero decir que estas percepciones se produzcan exclusivamente en el individuo y no le lleguen también de fuera de él. Si decimos que somos capaces de sentir, de ver y de escuchar a nuestra propia mente, también estamos diciendo que podremos ver, sentir y escuchar también señales del inconsciente colectivo, dimensión psicológica apenas explorada y de la que no conocemos sus límites.
Las limitaciones de las percepciones normales de nuestros sentidos están definidas científicamente, pero las limitaciones de las percepciones anormales, extraordinarias, extrasensoriales, no están en absoluto definidas; éste es un terreno inexplorado, y, como tal, lleno de peligros.
Estas impresiones extraordinarias de nuestros sentidos suelen ser insignificantes comparadas con las percepciones normales. De hecho, todas las personas tenemos algún tipo de percepción extrasensorial y no le damos apenas importancia. Pero, cuando no sólo se le da importancia, sino que se les presta especial atención, se pueden producir cambios importantes en la personalidad de los individuos. Una pequeña percepción extrasensorial puede cambiar toda una vida si el interés de la persona así lo propicia. Recordemos que el interés mantenido sobre algo puede cambiar el programa de selección de preferencias de nuestros cerebros, y algo muy insignificante puede cobrar prioridad absoluta si así lo queremos. Estas percepciones, si se toman con un interés proporcional al grado de sensaciones que habitualmente transmiten, no tienen porque producir importantes cambios en la personalidad. Pero, si nos empeñamos en otorgarle un interés extraordinario, podemos originarnos transformaciones importantes de dudosos efectos, pues la inseguridad en los resultados que vamos a obtener del desarrollo de estas facultades está garantizada. En los psiquiátricos acabaron muchas personas que se obsesionaron con estas percepciones anormales. Mientras no sepamos más a ciencia cierta de dónde realmente provienen y cómo se producen, mejor es oírlas, si es que las tenemos que oír, como quien oye llover.
También es cierto que podremos acudir a esas sectas expertas en estas cosas, donde se nos darán todo tipo de explicaciones a nuestras extrañas percepciones, e incluso se nos señalará que poseemos unas dotes extraordinarias que deberíamos desarrollar para nuestro bien, el de la Humanidad, y el de la secta, claro está. De esta forma nos convertiremos en conejillos de Indias al servicio de los planes de experimentación de la secta, con el propósito de confirmar sus hipótesis.
Cualquier persona es muy libre de experimentar con su cuerpo o con su mente introduciéndose por terrenos inseguros y llenos de peligros, de hecho, si así no se hubiera sucedido a lo largo de la Historia, apenas habríamos salido de la Prehistoria. Lo que resulta intolerable en nuestro mundo moderno, donde tanto se defienden los derechos humanos, es que haya personas que estén sirviendo de conejillos de Indias sin saberlo.
Cierto es que la mayoría de las veces los dirigentes de las sectas no son conscientes de los riesgos que están corriendo ellos y sus adeptos, están cegados por su ansia de encontrar la tierra prometida; como nuestros antiguos exploradores, emprenden expediciones llenas de peligros, embarcando a una tripulación ignorante de lo que le espera en una aventura que les hará padecer innumerables penalidades. Sus objetivos son muy dignos de llevar a cabo; pero, por favor, sin engaños, prometer lo que no podemos dar es un fraude; delito que muchas veces no podemos denunciar porque la mayoría de sus promesas se nos dice que se cumplirán en la otra vida, y eso es algo que nadie puede poner en duda porque nadie regresa de allí para contarlo.
Por consiguiente, si no tenemos espíritu aventurero, y escuchamos pequeños sonidos que no nos entran precisamente por los oídos, o vemos tenues luces que no nos entran por los ojos, mejor no prestarles especial atención. A nuestro potente ordenador cerebral se le puede perdonar algún pequeño cruce de cables que perturbe un poco nuestra sensible percepción.
Si por el contrario estamos dispuestos a desarrollar nuestra percepción extrasensorial, habremos de saber que pisaremos terrenos inexplorados, y si nuestro interés mantenido así lo propicia, podemos acabar convertidos en videntes que ven más con su mente que con sus ojos, y oyen más son su cerebro que con sus oídos. Y con el sentido del tacto, del gusto y del olfato puede suceder lo mismo. Los agradables aromas celestiales o el olor a azufre del infierno no son afirmaciones gratuitas, son experiencias extrasensoriales de aquellos que aseguraron visitar esos lugares. Otro tanto sucede con el gusto, sintonizar con un nivel agradable o desagradable de nuestro inconsciente puede dejarnos un buen o un mal sabor de boca. Y a través del sentido del tacto podemos sentir la presencia de esa entidad del más allá que nos puede poner los pelos de punta.
Son muy pocos los casos en los que este tipo de percepciones llegan a ser importantes, la mayoría de las veces es el interés o la obsesión del propio individuo quien propicia su desarrollo, cuando no es un impulso vanidoso de sentirse diferente a los demás, elegido por los dioses para percibir lo extraordinario.
Insisto en la tremenda peligrosidad que implican las percepciones extrasensoriales. Si se quieren correr riesgos, adelante, pero siendo conscientes de que los estamos corriendo. Podemos hacer uso de toda la información que nos han dejado infinidad de videntes en sus inmersiones por nuestros misterios profundos; cierto es que unos nos hablan de fabulosos tesoros encontrados, de dichas inmensas disfrutadas, sentidas a través de nuestra manera de percibir extraordinaria; no olvidemos los éxtasis de los místicos, auténticas orgías de sensaciones celestiales; pero no olvidemos tampoco a quienes cayeron en los infiernos y padecieron visiones y sensaciones tan horribles que acabaron enloquecidos.
Mientras no abramos seguras autopistas por nuestro inconsciente que nos lleven allí donde queramos ir, todo aquel que se introduzca en el mundo oculto del ser humano está dispuesto a correr unos riesgos que en la mayoría de los casos no son compensados por los resultados obtenidos. Sin embargo, y a pesar de ello, muchas personas continúan adentrándose en su interior, poniendo un interés especial en ese tipo de percepciones, anhelando descifrar los sonidos que llegan de nuestra frondosidad inconsciente, y pretendiendo reconocer alguna figura en las sombras de la espesura de nuestra mente.
Este interés de escuchar algo más de lo que oyen nuestros oídos o de ver más de lo que ven nuestros ojos, hace que nuestro programa cerebral de selección de preferencias destine a gran parte de nuestra inteligencia para descifrar y entender lo que nos llega a través de las percepciones extrasensoriales. Y, si en el capítulo anterior expusimos la capacidad que tiene nuestro cerebro de mostrarnos una visión de la realidad diferente de la que nos llega por los sentidos, cuando se trata de procesar los datos que nos llegan a través de la percepción extrasensorial, el riesgo de obtener una visión falsa de lo que estamos percibiendo es de un elevadísimo porcentaje.
Nuestra inteligencia es tan lista que, cuando le pedimos insistentemente que nos dé una visión inteligente de unas vagas impresiones que estamos recibiendo, intentará componer con esos datos un esquema inteligente que encaje en nuestro puzzle cerebral, y, si lo consigue, nos dará la visión correcta; pero, si no lo consigue, se la inventará. Y los datos aportados por las percepciones extrasensoriales, son tan difíciles de encajar en la lógica de nuestra inteligencia, que la mayoría de las veces nuestra mente ha de inventarse una visión personal de ellos para satisfacer nuestro empeño de entenderlos. De hecho, en este tipo de percepciones, las deducciones lógicas de lo que se percibe son formadas, más que por las propias percepciones, por las creencias de los individuos que las perciben. Esta facultad de fantasear de nuestra mente también se aplica a las percepciones que recibimos por nuestros sentidos, pero en un grado mucho menor, ya que la precisión de las leyes físicas de nuestro mundo que percibimos por los cinco sentidos no dan mucho margen para la fantasía. Nuestra mente termina por aprender la fría realidad matemática de nuestro mundo tridimensional, aunque para ello haya necesitado tropezar varias veces en la misma piedra. Nuestro cerebro procurará mostrarnos una visión de la realidad de lo que le llega por los sentidos lo más fiel posible, es de suponer que siempre procurará darnos una visión correcta de lo que tenemos delante de los ojos para evitar accidentes; no le resultará muy agradable que nos rompamos los huesos por no ver bien lo que tenemos delante de los ojos, sobre todo si esos huesos son los de la cabeza.
Pero este duro y obligado aprendizaje no se da cuando se trata de obtener una visión de las percepciones extrasensoriales, fuera de nuestra dimensión tridimensional no parece que existan leyes como las físicas gobernando las realidades. Un ejemplo de ello lo tenemos en el mundo de los sueños, donde nuestra mente tiene libertad absoluta para mostrarnos cualquier tipo de realidad virtual. La creación de las características figurativas de la realidad onírica no implican dificultad alguna para nuestra mente, cada noche creamos innumerables situaciones de realidad virtual. Una de las funciones más importantes de nuestro cerebro, y a la que se le presta muy poca atención, es su capacidad de crear escenarios de realidad virtual, mundos y personajes creados exclusivamente para protagonizar en el teatro de nuestra mente impulsos que no protagonizamos en nuestra realidad tridimensional. Las características figurativas de estos escenarios y personajes son extraídas de nuestra memoria, consciente o inconsciente, elegidos entre aquellos que estén más familiarizados con nosotros y mejor puedan escenificar las pasiones, los temores, conflictos, represiones, etc. Lo importante para nuestra mente es hacernos vivir nuestros impulsos psicológicos, realizarlos en los sueños, y para ello elegirá un mundo y unos personajes que mejor puedan hacernos vivir esos impulsos. Y al actuar así no está actuando caprichosamente, sino que responde a las órdenes de nuestros impulsos personales y al programa de selección de preferencias. Y esto precisamente sucede cuando le ordenamos que nos interprete y nos dé una explicación a las percepciones extrasensoriales, prácticamente estamos obligando a nuestro cerebro a que nos cree realidades virtuales, cosa que hace muy a gusto y a poco que le insistamos; y, como nada le obliga a darnos una visión fiel de ese tipo de percepciones, nos ofrecerá la visión más lógica para nosotros, la que nos resulte más creíble, la fantasía que mejor nos podamos creer. Buscará en nuestros patrones heredados culturales los materiales necesarios para crear un mundo esotérico o espiritual donde hará encajar las visiones y sonidos extraordinarios. Y esto no es un capricho de nuestra mente, es el resultado de invitarla a darnos una visión precisa de unos datos tan imprecisos como son los que recibimos a través de la percepción extrasensorial.
De todos es conocida la existencia de la telepatía, de la clarividencia y de la precognición, y seguro que la mayoría de nosotros hemos tenido vivencias relacionadas con estas capacidades extrasensoriales. También es de todos conocido el fracaso de todos los intentos hechos hasta ahora para dominar estas facultades. Las consecuencias de este fracaso no vienen exclusivamente porque no sepamos utilizarlas, sino porque cuando a nuestro cerebro le estamos pidiendo que las utilice y no se dan las circunstancias para que funcionen, entonces se las inventa: visionamos algo que no está sucediendo, prevemos cosas que no van a suceder, o nos inventamos una conexión telepática que no existe.
En los ámbitos espirituales esta capacidad de inventar escenarios virtuales se ha puesto de manifiesto a lo largo de la existencia de la Humanidad. El ansia por explicarnos las experiencias de las percepciones extrasensoriales ha obligado a nuestra mente a crear mundos donde encajarlas, escenarios donde tuviéramos una visión más o menos lógica de tan ilógicas experiencias, realidades virtuales que incluso nos obligamos a creer en ellas a golpe de dogmas de fe, religiones que pretenden satisfacer las inquietudes espirituales, sectas que poseen su particular realidad virtual donde toman protagonismo los impulsos psicológicos del grupo, mundos elegidos por personas cansadas de sus frustraciones en la dimensión tridimensional; esperanzas de vida que no existen, inventadas por la poderosa máquina de generar realidades virtuales, por nuestro cerebro.
Por lo tanto, los personajes, entidades, dimensiones y estados de los que nos hablan las religiones o las doctrinas de los caminos esotéricos, no son creaciones fantasiosas sin ningún sentido; tras ellas se ocultan esencias de nuestra humanidad.
El impulso sexual, por ejemplo, es una fuerza esencial en los individuos con el que generamos las fantasías oníricas que nuestro cerebro construye en la dimensión de los sueños.
Lo dramático se produce cuando esas imaginaciones, que en un principio sirvieron para escenificar unas pulsaciones psicológicas o para explicarnos las percepciones extrasensoriales, acaben tomando cuerpo en la conciencia humana y campen a sus anchas por la mente de los creyentes con vida propia.
Las sectas, que debieran de ser grupos de investigadores de lo oculto, acaban la mayoría de las veces atrapadas en sueños, en mundos de realidad virtual donde pretenden explicarse y satisfacer sus impulsos psicológicos espirituales. Su diferente visión del mundo llega en muchas ocasiones a ser tan diferente del mundo real que crean en su imaginación mundos aparte. Sofisticados escenarios esotéricos donde se protagonizan fantásticas tramas protagonizadas por las pulsaciones de la sombra humana. Tal es el grado de realidad que la conciencia del grupo sectario puede imprimir en esos mundos virtuales, que incluso puede superar el grado de realidad de la dimensión tridimensional. Y es entonces cuando se vive en una realidad no física, moviéndonos por este mundo como si viviéramos en otro.
Nuestra ansia
por descubrir nuevos mundos nos ha llevado infinidad de veces a
inventarlos. ¿Qué otra cosa pueden ser,
aparte de invenciones, los innumerables mundos espirituales contradictorios que
nos enseñan las diferentes religiones, las vías esotéricas o las sectas? Si alguna de ellas hubiera descubierto la
auténtica realidad espiritual, ésta se hubiera impuesto a todas las demás que la
contradicen. No sucede así porque
siempre se trata de imponer una realidad virtual sobre otra, algo que es
imposible, porque cada sueño tiene su grado de realidad para quien lo sueña.
PERCEPCIONES EXTRASENSORIALES EN HERMANDAD
Está sobradamente reconocida la efectividad del trabajo en grupo para conseguir determinados fines en cualquier ámbito de las actividades humanas. Y en los ambientes esotéricos, religiosos o místicos, no iba a ser menos; la efectividad de sus grupos de trabajo también está demostrada, su poder creativo mental demuestra una gran capacidad para convertir en “realidad” cualquier tipo de fantasía. La atmósfera sagrada generada por los rituales de un grupo espiritual propicia enormemente la creatividad. Como dijimos en el capitulo anterior, nuestro cerebro no tiene limitaciones para crear realidades virtuales en las dimensiones espirituales, y, cuando son más de un individuo los implicados en este tipo de creaciones, los resultados son siempre sorprendentes, y adquieren un grado de realidad compartida indiscutible para quienes así lo perciben. Y no sólo me estoy refiriendo a pequeños grupos de personas, muy a menudo estas creaciones son aceptadas por la gran masa de una sociedad y se convierten en escenarios y personajes reconocidos por la mayoría. De hecho, no creo que haya existido en la Historia una sociedad que no acogiera algún tipo de estas creaciones, ya se tratara de una gran nación o de una pequeña tribu, siempre la colectividad aceptaba un tipo de escenarios virtuales, paraísos, cielos o infiernos, donde se desarrollaba la actividad de sus personajes, entidades espirituales, dioses, ángeles y demonios; virtuales también, por supuesto. La mitología hace abundante acopio de este tipo de creaciones, como lo hacen también las diferentes religiones actuales, y por supuesto las sectas.
Cuando dormimos, las vivencias oníricas son individuales, las crea el cerebro tomando datos de la mente de la persona; pero, cuando se trata de las creaciones compartidas que estamos hablando, los datos con los que se crean estos escenarios, magnitudes y personajes espirituales, son tomados de la mente colectiva, de la cultura de la colectividad o del grupo implicado, lo que permite un grado de sofisticación y de detalles mucho más complejo que si de un solo individuo se tratara.
Convencer a un individuo de la existencia de una realidad espiritual que justifique su particular percepción extrasensorial, puede resultar relativamente fácil, pero convencer a toda una sociedad es mucho más complicado. Para ello resulta necesario que los escenarios, personajes o magnitudes, sean creíbles por la mayoría, por lo que deberán de ser construidos con materiales extraídos de la propia cultura de la sociedad o de la secta en cuestión, y deberán también ser “soñados” por un grupo lo suficientemente grande e influyente como para convencer al resto. Para otorgar un notable grado de realidad a estas creaciones, es necesario que haya un apreciable número de individuos de la colectividad que tengan las experiencias extrasensoriales mínimas que las apoyen. Esta condición indispensable se da en las reuniones destinadas a fomentar la realidad virtual espiritual de que se trate. En los ambientes de hermanamiento se dan las condiciones propicias, para obtener las experiencias extrasensoriales, que otorgarán realidad a las creaciones virtuales de los mundos espirituales imaginados. La atmósfera sagrada introduce en una ensoñación colectiva al grupo de creyentes. Una sutil embriaguez nubla la conciencia de este mundo y le da paso al mundo de los sueños espirituales, donde tomarán cuerpo las pulsaciones ocultas del hombre, en los escenarios y en los personajes soñados. Después vendrá la fase siguiente: convencer al resto de personas de que aquello es real, algo que no implica demasiada dificultad aunque para ello sean necesarios años o siglos; pues cuando se ha creído una ilusión espiritual un considerable grupo de personas, la propagación de su creencia es sólo cuestión de tiempo. Un grupo o sociedad de creyentes no tiene muchas dificultades para convencer a otro individuo de la realidad de sus creencias, si la persona en cuestión, por supuesto, no es ya un fanático creyente de otra realidad virtual espiritual opuesta, o un escéptico empedernido.
Para observar la influencia que la masa puede ejercer sobre un individuo, no hace falta meterse en esoterismo, en los espectáculos públicos como puede ser en un concierto de rock, en un acontecimiento deportivo, militar o artístico, tenemos claros ejemplos; en ellos se puede sentir el vibrar del público, sus emociones y sus sensaciones, y podemos observar lo tremendamente fácil que le resulta al individuo dejarse llevar por ellas; tanto es así que la persona puede llegar a traspasar sus propias limitaciones y acabar sorprendida de haber experimentado sensaciones que nunca tuvo o de haberse comportado como nunca lo hubiese hecho por sí misma.
El único punto en común que pueden llegar a tener las personas de estos grupos es su interés por el espectáculo o acontecimiento que están presenciando, circunstancia suficiente para hacerlos vibrar al unísono y para proporcionarles vivencias extraordinarias.
Pero, cuando la reunión tiene un objetivo que no es de este mundo, las vivencias que se pueden producir en los individuos pueden llegar a ser auténticas experiencias extrasensoriales.
En cualquier agrupación de personas se vive una especie de sintonización. Cada individuo puede vibrar al unísono entrando en resonancia con los demás, como si de un contagio vibratorio se tratará. En el capítulo de los chacras decíamos que eran centros de bioenergía corporales que vibraban y emitían las radiaciones que forman el aura, y parece ser que esas radiaciones traspasan nuestro globo bioenergético y las emitimos al exterior. De estas vibraciones personales apenas se conocen sus características ni su alcance, lo que sí parecen provocar, en las personas predispuestas a ello, es una recepción de las emisiones producidas por las personas transmisoras. Si ponemos dos instrumentos musicales próximos y producimos una nota musical con uno de ellos, el otro resonará también en la misma frecuencia. Para que esto suceda entre nosotros será primero necesario que podamos vibrar a la misma frecuencia y estemos predispuestos a vivir esa sintonización.
Los templos nunca fueron exclusivamente centros de adoración, fueron ante todo lugares de experimentación donde se generaba la atmósfera sagrada, el sumo sacerdote vibraba en trances alucinatorios y contagiaba a su auditorio. Hoy en día se ha perdido bastante la espectacularidad de estos acontecimientos públicos, ya sea porque no existe en general una buena predisposición para experimentar los procesos sagrados o porque los sacerdotes oficiales no son capaces de hacernos vibrar como lo hacían los sumos sacerdotes de la antigüedad. Cierto es que todavía nos queda, en los rituales que protagonizamos en los templos oficiales, una tenue presencia de la divinidad que se puede llegar a vivir, las oraciones y los cánticos en masa nos pueden elevar hacia dulces dimensiones espirituales, o hacernos sentir la culpa que nos invitará a los infiernos. Pero, en el seno de muchas sectas, las experiencias extrasensoriales son mucho más espesas y cobran un notable grado de realidad, pues son capaces de generar atmósferas sagradas mucho más densas. Sus miembros se abren a vibraciones esotéricas más profundas, y en sus sumos sacerdotes, gurús, predicadores, sanadores, etc., nos encontramos con la fuente generadora de la vivencia sagrada, o sencillamente con la dirección del éxtasis colectivo.
El hermanamiento es condición indispensable para que la experiencia extrasensorial en este tipo de grupos se produzca. Mientras que en otro tipo de acontecimientos públicos basta con un interés común y pertenecer a una misma sociedad para integrarse en las vivencias del grupo, en los ámbitos espirituales es necesario una confraternidad entre sus miembros para que puedan sintonizar con niveles vibratorios elevados y generar una densa atmósfera sagrada. El íntimo lazo emocional facilita la sintonización entre las personas, la unión entre ellas; necesitan vivir unidos las experiencias de otras dimensiones, apoyándose mutuamente y dándose confianza mutua. Un escéptico en el grupo puede estropear toda una sesión vuelo místico, de ahí la intransigencia que siempre han demostrado los seguidores de las vías espirituales con las personas de poca fe. Para que la realidad virtual espiritual cobre visos de realidad es necesario creer en ella, darle un voto de confianza al menos, después la mente se encarga de hacer el resto.
En nuestros días podemos observar en los debates públicos de creyentes con escépticos, como los creyentes defienden una realidad que sus detractores no conocen en absoluto. Debates que suelen terminar en un diálogo de sordos, pues unos no se explican como los otros no pueden ver las realidades espirituales que ellos ven, y los otros no se explican que es lo que están viendo esas personas para que lo defiendan con tanto ahínco. Los creyentes en las realidades virtuales espirituales ven un mundo particular que no puede ser compartido ni comprendido por quienes no creen en él. Esta incomunicación se da también entre seguidores de diferentes religiones o sectas, sobre todo si éstas adoran a deidades diferentes ubicadas en parajes espirituales virtuales diferentes también.
Estas faltas de acuerdos nos han creado auténticas tragedias históricas. Los debates no se hacían antes como los hacemos ahora, sino que se le cortaba la cabeza a quien no nos daba la razón. De esta forma se defendía la realidad de las realidades virtuales, a punta de espada. Hoy en día podemos sentirnos afortunados de que no sea así, al menos en los países desarrollados, donde el escepticismo es una opción libre de ser tomada por quien lo desee. Como lo es también la fe, condición que continúa siendo indispensable para introducirnos en una realidad virtual espiritual.
Otra causa que une como una piña a los grupos o sociedades de creyentes es el pánico. Las experiencias extrasensoriales asustan al más valiente. Los seres humanos ante una situación de peligro nos unimos más que nunca, y por supuesto que el sumergirse en una realidad virtual espiritual produce un miedo espantoso. Situación que siempre se querrá remediar introduciendo en ella entidades protectoras de los débiles humanos, porque en los mundos virtuales espirituales el ser humano se suele quedar en muy poquita cosa. Miedos que tomarán cuerpo en lugares o personajes terroríficos de los que es muy difícil librarse, infiernos y demonios que sirven de justificación si no sales bien parado de la aventura, cosa que sucede a menudo.
Espero que me esté explicando lo suficiente para entender el grado de realidad que pueden adquirir las experiencias extrasensoriales en grupo. Aunque hayamos visto que suceden en una especie de sueño místico, no conviene olvidar la fuerte impresión de realidad que experimenta quien lo vive. No se trata de tenues ensoñaciones debidas a la sugestión, se pueden vivir autenticas películas de miedo o de gloria divina siendo el protagonista de forma muy real, sin tener la sensación de que se está viviendo una película. Si recordamos esos casos en los que dormidos soñamos con un elevado grado de conciencia, de tal forma que en el momento de despertar no estamos muy seguros si el mundo real es el de los sueños o el de la vigilia, tendremos un ejemplo del elevado impacto en la conciencia del individuo que pueden tener los sueños. Las percepciones extrasensoriales en hermandad provocan impactos de realidades compartidas de indudable existencia para quienes los viven. El sencillo y peligroso juego de la ouija pone de manifiesto con que sencillez podemos poner en marcha percepciones de otras supuestas realidades. Un sencillo mantra entonado en grupo desata unas fuerzas impresionantes. Y la invocación de cualquier entidad espiritual encuentra respuesta segura cuando se realiza al unísono por más de una persona creyente. Estas experiencias se hacen muy espesas y palpables para quienes las viven en grupo, bien podríamos decir que el grupo hace de amplificador y potencia su grado de realidad. Todas las mentes unidas crean unas realidades virtuales espirituales mucho más reales que si lo hiciera un cerebro solamente. Su grado de realidad puede llegar a ser tan poderoso que pueden hacer temblar nuestra realidad tridimensional. Siempre ha sido así: la realidad física se resquebraja ante los fenómenos paranormales. Desatado el fenómeno paranormal, apenas puede la persona incrédula negar su existencia. Hasta hace unas pocas décadas nadie se atrevía a negar la existencia del demonio, por ejemplo, personaje que tiene un voluminoso historial de manifestaciones físicas en nuestro mundo.
Pero la culturización del pueblo, que tanto querían evitar los poderes eclesiásticos del pasado, nos ha llevado a conocer otras religiones; y ahora nos preguntamos si esos escenarios que en las realidades virtuales espirituales se describen, sus fuerzas, sus entidades y sus personajes, son en realidad reales. De existir un cielo realmente, por ejemplo, no sabríamos como es, porque cada religión o secta lo describe de forma diferente, y con unos seres en su interior tan dispares de una descripción a otra que no podemos sino deducir que esos paraísos del más allá, con sus habitantes incluidos, no son sino creaciones de los seres humanos. Seguro que, para el creyente, el cielo que él conoce es el real, con todas sus fuerzas y entidades incluidas; pero, si nosotros hemos de ser imparciales y procuramos no inclinarnos por ninguna opción que no sea evidente, no encontraremos, en un análisis comparativo, ninguna que nos ofrezca más visos de realidad que las otras. Lo que nos lleva a deducir que todas son creaciones de quienes creen en ellas.
LA
ATMÓSFERA SAGRADA
A lo largo de todo este libro no
vamos a dejar de utilizar este concepto y de desarrollarlo. El estudio de la atmósfera sagrada es de
suma importancia para entender el mundo sectario, es un ingrediente clave en la
vida espiritual del hombre, y habitualmente se obvia cuando se habla de las
sectas. Podríamos definirlo como la
consecuencia de una elevada vibración personal, esencia de toda vivencia
espiritual y de la experiencia religiosa.
Son nuestros chacras superiores emitiendo vibraciones y generando una
atmósfera espiritual en torno a la persona que vive este proceso, alcanzando
elevadas densidades cuando es un grupo de personas las que vibran
espiritualmente, generando en su entorno una atmósfera sagrada que se puede
“respirar”.
Conviene aclarar que no estoy hablando de una
vibración extraordinaria destinada únicamente para los elegidos, exclusiva de
las personas religiosas. Nada más lejos de la realidad, la atmósfera sagrada la
encontramos muy a menudo en la vida de las personas corrientes aparte de las
actividades religiosas. Es un aire
sagrado que lo conocemos todos, rara es la persona que en algún momento de su
vida no lo ha respirado intensamente en soledad o en grupo. Especialmente en la adolescencia se viven
momentos o temporadas que el elixir sagrado nos embriaga, se sea creyente o no
se crea en nada. Es la sustancia que
crea el misticismo aparte de las creencias, es la vibración que abre nuestra
mente al infinito, la que da cuerpo a lo divino. Un amor platónico tiene mucho de sagrado. Los artistas conocen muy bien la divinidad
de su creatividad. Un buen concierto de
ópera, por ejemplo, puede sacralizar tanto a su auditorio como un ritual
religioso. Un buen museo es un templo
de creatividad con su atmósfera sagrada propia, exponga temas religiosos o no. Los enamorados se divinizan y se adoran
mutuamente embriagados por los elixires de la atmósfera sagrada que los
envuelve. Lo sagrado es una sensación
humana, aunque casi siempre la convirtamos en una sensación divina.
Vamos a intentar dejar bien claro lo
básico de este concepto, pues es esencial hacerlo para continuar entendiendo
este estudio. Para ello es necesario
separar lo que estamos llamando atmósfera sagrada de lo que habitualmente la
envuelve y se suele presentar unido a ella.
Nos va a venir de perillas continuar usando la metáfora del sexo para
entenderlo. (Lamento que esta
traslación pueda resultar sacrílega a algunos creyentes, pero no encuentro otra
mejor). Todos conocemos la vibración
sexual, y no nos resultará difícil entender que es una atmósfera sexual:
aquella que puede emitir una persona sexy, o aquel ambiente generado por una
pareja o grupo sumido en erotismo; pues bien, la atmósfera sagrada es otro tipo
de vibración digamos que más espiritual, menos corporal, aunque se puede sentir
por todo el cuerpo. También sabemos que
la energía sexual, la libido que llamaba Freud, no son los rituales amorosos,
ni los genitales, aunque habitualmente fluya a raudales por ellos; así como
tampoco la energía sagrada son los chacras que los emiten, ni los altares, ni
los dioses, ni los rituales religiosos, aunque habitualmente fluya a raudales
por ellos; éstas dos energías existen por sí mismas y dan cuerpo a todo aquello
por donde circulan. El río no existe
sin el agua, pero no es el agua; estas energías son el agua de todo aquello por
donde circulan, le dan realidad a todo lo que alimentan, pero no son esas
realidades ya sean sagradas o sexuales.
Y tanto una energía como otra pueden ser experimentadas por una persona
que no haya oído hablar de ellas en su vida.
El sexo, en aquellas culturas que lo reprimían, irrumpía en las personas
sorprendiéndolas en la mayoría de los casos; y lo sagrado también es
susceptible de ser experimentado en aquellas personas que nunca oyeron hablar
de los cielos, de los dioses o de los santos, pues éstos son como ríos por
donde fluye lo sagrado, mas el agua puede beberse en otras fuentes u otros ríos
sin nombres, diferentes a los conocidos.
La atmósfera sagrada es embriagadora y
seductora, como la sexual; y crea adicción, como el sexo. Los fluidos sexual y sagrado son tan
semejantes en sus comportamientos que ambos consiguen unirse en perfecta
armonía en los enamoramientos típicos de las parejas.
La sexualidad es en el mundo material lo que la
divinidad es en el mundo espiritual. Y
si ha sido lamentable lo que el hombre ha hecho con su sexualidad en el curso
de la Historia, más lamentable es lo que ha hecho y continua haciendo con su
divinidad; pues todavía no somos conscientes de que nuestro fluir divino es
nuestro, no de caprichosos dioses, entidades o energías divinas ajenas a
nosotros. La sombra de la maldad humana
se ha apropiado de la divinidad del hombre en muchos casos para causarle gran
sufrimiento, una energía gloriosa en sí misma ha sido y está siendo causa de
gran sufrimiento para gran parte de la Humanidad. Espero que nadie se extrañe de este fenómeno, con la sexualidad
nos sucedió algo semejante. La
violencia unida al sexo nos ha dado muchos disgustos y nos los continúa dando,
y la represión sexual también ha sido causa de sufrimiento y de enfermedades mentales. Una energía tan dichosa como es la sexual
puede ser convertida en causa de gran sufrimiento. Solamente cuando fuimos conscientes de que nosotros somos los
primeros responsables de nuestra sexualidad, fue posible empezar a
disfrutarla. Y solamente cuando seamos
conscientes de que nosotros somos los primeros responsables de nuestra
divinidad, será cuando podremos empezar a disfrutarla. Espero que este libro nos sirva para retomar
la conciencia de lo que es nuestro. La
atmósfera sagrada es en el plano espiritual lo que la atmósfera sexual es en el
material.
El sexo es una fuerza creadora de vida, y la
atmósfera sagrada también lo es, con la diferencia de que la primera crea seres
vivos en este mundo y la segunda crea también seres presumiblemente vivos pero
en el otro mundo. La vivencia sagrada
conlleva un impulso creativo enorme que excita la imaginación de la persona más
tranquila. En mi opinión ella fue el
origen de tan variopintas creencias espirituales que existieron y existen en el
mundo. Los artistas aprovechan el
impulso creativo de la atmósfera sagrada que pueden llegar a sentir, aunque sea
mínimo, para realizar sus creaciones.
Recordemos que la mayoría de las grandes obras artísticas de la
antigüedad fueron religiosas, el arte sacro es una clara manifestación del gran
impulso creador que conlleva la vivencia de lo sagrado.
Mi experiencia personal reafirma
este hecho: Cuando regresaba de asistir a seminarios, donde había respirado una
densa atmósfera sagrada, experimentaba fuertes impulsos creativos. Nuevas ideas bullían en mi mente, nuevos
proyectos de futuro y las más sorprendentes creaciones mentales solicitaban mi
actividad para hacerlas reales. En ocasiones,
permanecía meses, incluso años, borracho de elixires creadores, empeñado en
realizar inventos al estilo Leonardo da Vinci que siempre acabaron en agua de
borrajas.
Las creaciones más sublimes del
hombre, haciendo uso de la atmósfera sagrada, han sido y siguen siendo aquellas
realizadas en las dimensiones espirituales.
Es sorprendente observar como la sustancia o vibración sagrada es capaz
de dar cuerpo a la imaginación estimulada por la percepción
extrasensorial. La fantasía esotérica
puede cobrar vida en otros mundos imaginados con un realismo tan sorprendente
que puede llegar a influir y a manifestarse en la realidad de nuestro
mundo. La mitología nos habla de
multitud de fantásticos mundos espirituales poblados de los seres más
increíbles. Realidades virtuales que
afectaron muy directamente a la realidad de nuestros antepasados; así como en
la actualidad nos están afectando a nosotros las realidades virtuales
espirituales que están vigentes hoy en día.
En el seno de las religiones, de los caminos esotéricos y de las sectas,
se mantienen vivas gran cantidad de estas creaciones. Observemos en el siguiente capítulo esta gran capacidad creadora
del hombre por lo ancho y largo del mundo y a través de la Historia.
LAS REALIDADES VIRTUALES ESPIRITUALES
Hagamos una lista de estos mundos del más allá para que podamos ir ampliando la idea que tememos de ellos, pues seguro que al menos uno ya lo conocemos. Empezaremos por la realidad virtual espiritual que más nos atañe, la que se extendió por Occidente basada en las viejas creencias hebraicas plasmadas en el antiguo testamento de la Biblia. En ella existe un cielo feliz plagado de ángeles y de personas que fueron buenas en vida, y donde reina un dios todo poderoso creador de todas las cosas, y, en contraposición, existe un infierno lleno de demonios y de personas que fueron malas, donde reina el demonio más malo de todos. Los cimientos básicos de esta realidad virtual son antiquísimos, pero al paso de los siglos y de los milenios se fueron añadiendo “pequeños detalles” en su construcción. Diversos enriquecimientos literarios sin importancia a no ser porque causaron grandes guerras y millones de muertos. Se supone que el pueblo judío se quedó con la versión antigua. Los cristianos introdujeron a Cristo y lo sentaron a la diestra del gran padre creador, algo con lo que no estaban de acuerdo los árabes, ya que para ellos el profeta del dios bíblico es Mahoma. Y a estos cambios en las sagradas escrituras le sucedieron otros y otros, hasta hoy en día, época en la que existen multitud de religiones derivadas de ellos, cuyos mundos virtuales son muy parecidos entre sí, pero con alguna modificación que les costó la expulsión de la religión madre por su sacrílego atrevimiento.
Sin salir de nuestra civilización podemos llegar a conocer una gran cantidad de estas variantes derivadas del tronco original hebraico, repartidas por el gran abanico de sectas asentadas en nuestras ciudades, donde también podemos encontrar realidades virtuales espirituales ajenas a la Biblia, y a nuestro tradicionalismo religioso. Porque en la antigüedad existieron otras grandes creencias, diferentes escenarios espirituales a los descritos en la Biblia. Algunos de ellos muertos o casi muertos, porque no tiene creyentes que los mantengan vivos, y si los tienen son en pequeño número; mundos que han acabado convertidos en literatura fantástica o infantil, como son aquellos donde habitan las hadas, los gnomos o los vampiros. Entre los mundos espirituales más importantes desaparecidos tenemos al mismísimo Olimpo griego, lleno de poderosos dioses que gobernaron sobre los antepasados que vivieron en los orígenes de nuestra civilización occidental. Y no olvidemos las realidades virtuales espirituales egipcias, plagadas de deidades.
De estos mundos desaparecidos merece destacar la enorme cantidad de animales mitológicos que los poblaban, desde el famoso Minotauro hasta los dragones que raptaban a las princesas en el medioevo. En este sentido la Biblia es una excepción de realidad virtual, en ella apenas residen personajes que no sean de forma humana. Si descartamos las alas de los ángeles y los cuernos de los demonios, sus personajes tienen cuerpos bastante parecidos a los que tenemos nosotros. Pero esto no es siempre así, en el resto de realidades virtuales nos encontramos con mundos exóticos plagados de dioses y de demonios de los más variados aspectos, donde las formas animales se entremezclan con las humanas. La combinación más típica es la compuesta por un cuerpo humano y una cabeza animal. El hinduismo contiene muchas de estas combinaciones, en los templos de la India nos podemos encontrar en los altares con un dios elefante, con otro dios mono, o con una diosa serpiente. Aunque conviene aclarar que al mal le gusta disfrazarse mucho más que al bien, pues hay más diferencias con los humanos en los personajes malvados, con rostros terroríficos y cuerpos mitad animales mitad hombres, que en los personajes destinados al bien. Está claro que los creadores de estos seres querían dejar bien claro la bondad de las personas de aspecto normal.
También existen notables diferencias respecto al “espacio” donde presumiblemente se ubican las realidades virtuales espirituales. Popularmente situamos nuestro tradicional cielo allende las estrellas, y a nuestro infierno en algún lugar de las profundas entrañas de la Tierra, sin que tengamos muy claro donde se encuentran realmente. Sin embargo, otras creencias sitúan a sus personajes espirituales en escenarios diferentes. Mereciendo especial atención las creencias animistas, muy profesadas por el hombre primitivo, y que han perdurado hasta nuestros días. Los dioses o espíritus de la Naturaleza no se suelen encontrar en cielos o infiernos semejantes a los bíblicos, sus hábitats espirituales son de los más extraño y sofisticado; aunque en ocasiones no son lugares ajenos a nuestra realidad. Un dios de una montaña se puede encontrar en las entrañas de su montaña, y el dios de cualquier raza de animales puede campar por los prados con sus manadas. En el sinto japonés tenemos como ejemplo un gran panteón de dioses o espíritus de la Naturaleza. En el chamanismo también observamos abundantes ejemplos de estos dioses y demonios de la Naturaleza, que han conseguido su resurgimiento en nuestra sociedad gracias a la proliferación de sectas animistas.
Conviene reseñar que existen miles y miles de seres espirituales de naturaleza debido a que cada cultura, cada civilización o pueblo, que profesa cultos animistas, tienen sus dioses y demonios particulares diferentes a los demás pueblos, aunque sean espíritus de una misma planta, raza de animales, ríos o montañas. Un dios de las vacas de una zona del mundo no se parece en nada al dios de las vacas de otro lugar, aunque las vacas sean iguales. Por ello existen miles y miles de dioses repartidos por todo el planeta, aunque reinen sobre las mismas especies. Ello es debido a que en cada lugar nacieron de creadores distintos, de diferentes culturas y civilizaciones; recordemos a los druidas celtas en Europa, a los chamanes indios americanos, a los mayas, y a la enorme variedad de pueblos asiáticos donde surgieron rituales animistas practicados desde hace miles de años.
Las creaciones virtuales espirituales parecen tener vida propia: nacen, crecen, se reproducen y hasta algunas han llegado a morir. Para su nacimiento solamente necesitan de un grupo de influyentes videntes que la experimenten en su sagrado sueño compartido, después vendrá la santa anunciación al resto de la sociedad, y, si todo les es propicio a la criatura, y no se la ha engullido otra creencia contraria, el paso de los siglos la hará crecer aumentando su número de creyentes. Si la suerte o la espada de sus defensores continúan animando su crecimiento, sobrevendrá el siempre doloroso y trágico trance de la reproducción, del cisma, del sector de herejes que percibirán en el mundo virtual original algún cambio sacrílego para su creencia madre. Y a un cisma le podrá seguir otro y otro, llegando a niveles de reproducción sorprendentes como en el caso del cristianismo.
Aquellas personas, muy interesadas por estos temas, quizás se sientan frustradas al creer imposible asistir a un nacimiento de una realidad virtual espiritual, porque habitualmente se consideran creaciones muy antiguas. Para su alegría, he de decirles que la capacidad creadora de aquellos que experimentan la atmósfera sagrada no ha desaparecido, se continúan generando nuevas realidades espirituales, en realidad nunca se ha detenido el proceso creador. Incluso en los momentos de un mayor monopolio de la espiritualidad por las religiones universales, los creadores de nuevas realidades virtuales, aunque no se atrevían a crear mundos totalmente nuevos, modificaban el mundo de su religión madre y creaban una nueva religión.
La creatividad provocada por la atmósfera sagrada, religiosa en estos casos, no se detiene nunca, y se adapta a los cambios culturales de las sociedades. Asistir a un nacimiento de una realidad virtual espiritual totalmente nueva sí que es mucho más difícil. No porque nuestros antiguos tuvieran más imaginación que nosotros, sino porque un nuevo mundo espiritual solamente podrá nacer de una civilización nueva. Recordemos que estos sueños compartidos nacen de la cultura de los pueblos que los sueñan. Ahora podríamos preguntarnos si nuestra cultura es lo suficientemente novedosa como para que emerjan de ella realidades virtuales espirituales totalmente nuevas. Pues parece ser que así es. El moderno desarrollo tecnológico de nuestra civilización nos aporta un nuevo ingrediente cultural esencial para crear nuevas realidades virtuales espirituales no nacidas de otras viejas. Este es el caso de los mundos de ciencia-ficción plagados de extraterrestres. Los estudiosos del fenómeno religioso están de enhorabuena, pueden observar en vivo el nacimiento de una realidad virtual espiritual, el fenómeno ovni esta ahí con su gran número de creyentes que aumenta día a día.
También conviene recordar en este capítulo que, a pesar del inmovilismo de muchas religiones, los mundos virtuales espirituales están en continuo cambio, sobre todo en nuestros días, cuando tantos cambios suceden sin cesar en nuestra sociedad. Cuando una religión defiende su inmovilismo a ultranza, corre el riesgo de perder su integración con una sociedad en progreso. Una de las claves del éxito en la propagación de muchas sectas es su flexibilidad a la hora de adaptarse a los movimientos culturales de los pueblos. La cultura y las realidades virtuales espirituales conviven en un régimen interactivo, influyéndose mutuamente; si la creencia se niega a ser influenciada por los cambios sociales corre el riesgo de morir. En estos tiempos de libertades, están sucediendo enormes cambios culturales a una velocidad sorprendente. Las realidades espirituales están experimentando unos cambios como nunca sucedió en la Historia, y a un ritmo muy poco habitual, pues siempre estos cambios necesitaron mucho más tiempo que el que ahora necesitan para cuajar en las masas de creyentes. No cesan de desaparecer viejos métodos de realización espiritual mientras aparecen otros nuevos.
Otra consecuencia de esta exuberante creatividad es la cantidad de mezclas de estos mundos que se están produciendo en la actualidad en las sectas, cogiendo un poco de este mundo y otro poco de otro, unos personajes de éste y otros de aquél; resultando de esos cócteles divinos asombrosos mundos espirituales donde Jesucristo se sienta al lado de Buda, o la virgen María lucha contra los dragones medievales. A medida que aumenta en la población el conocimiento de nuevas realidades virtuales espirituales, es inevitable que se creen nuevos mundos en el más allá mezclas de todos ellos.
Cuando se estudian las grandes obras
de la Humanidad se suelen ignorar las creaciones espirituales, al hombre le
cuesta reconocer su capacidad creativa de dioses y de demonios, como también le
costó reconocer que sus sueños son creaciones suyas. El creyente no puede deducir que la realidad virtual espiritual
en la que cree sea creación suya o de sus antepasados, pues él mismo se
considera una creación de las entidades divinas que él considera creadoras de
toda forma de vida. Digamos que él se
considera una creación de sus propias creaciones espirituales. Aptitud suficiente para dar viso de realidad
a sus sueños espirituales y olvidar su protagonismo y participación en ellos.
Y, como se puede sospechar, el
hombre ha creado a lo largo de su Historia infinidad de divinidades que se le
antojaron creadoras del mundo, del universo y de él mismo. Han existido, existen y existirán, multitud
de entidades divinas creadoras del universo, con notables diferencias entre sí.
(Digo esto para quienes pueden llegar a pensar que se trata de un solo dios con
diferentes nombres).
Podríamos
continuar realizando un análisis comparativo de estas deidades y realidades
virtuales espirituales más detallado, pero dudo si será muy conveniente para mi
seguridad en este mundo, demostrar con demasiados detalles, que todo escenario
religioso de los otros mundos son una realidad virtual. Muchos creyentes se sentirán insultados ante
semejante atrevimiento y podría crearme demasiados enemigos. (Aunque sería aplaudido cuando calificara de
ilusión una creencia que no fuera la suya).
No sería el primer escritor perseguido a la antigua usanza por herir la
frágil estructura de estas realidades virtuales. La violencia con que se han defendido siempre estas santas
realidades ha sido espantosa. A lo
largo de la Historia se desataron multitud de trágicas guerras donde los
creyentes en unas realidades virtuales espirituales intentaban borrar del mapamundi al resto de
creyentes en otras para imponer así la suya.
Cabe
preguntarse cómo es posible que estas santas realidades hayan dado cabida
―y sigan dando― a tanta violencia.
Si la atmósfera sagrada es el seno de donde surgen, y ésta es una
atmósfera de amor y de paz y origen de los milagros, ¿cómo es posible que tenga
cabida en ella la violencia? Si
volvemos a retomar el ejemplo comparativo del sexo, observaremos que él también
es muy positivo en sí mismo, pero es también un gran generador de fantasías. La imaginación se desborda en proporción directa a la intensidad de
vibración experimentada ya sea ésta sexual o sagrada. En un caso serán las fantasías sexuales, y en otro serán las
fantasías espirituales. Creaciones
mentales que podrán ser tan positivas como las energías que las alimentan, o, por
el contrario, podrán ser creaciones perversas brotadas de las semillas del mal
humano plantadas en las energías vírgenes.
Entonces tendremos las aberraciones, sexuales en unos casos, y sagradas
en otros; violaciones y agresiones sexuales o espirituales. La perversidad generada por la mente humana
es capaz tanto de dañar la función tan positivamente creadora del sexo como la
de la atmósfera sagrada. Lo más
habitual es que la mente humana realice sus creaciones mezclando tanto el bien
como el mal en ellas, consiguiendo así infinidad de matices.
A lo largo de este estudio no cesaremos de
observar la gran cantidad de variopintas creaciones que la mente de los
artistas esotéricos han creado y
continúan creando, e intentaremos descubrir aquellos aspectos que en su
origen no son precisamente sagrados aunque se presenten como tales.
Estas fuerzas o personajes de las realidades
virtuales espirituales son representaciones de nuestras profundas fuerzas o
pulsaciones psicológicas, que podemos percibir a través de la percepción
extrasensorial. Nuestro subconsciente
nos representa nuestras propias realidades internas de esta forma semejante a
como lo hace cuando dormimos en los sueños.
Las realidades virtuales espirituales son sueños, no son creaciones
conscientes, pero no por eso dejan de ser importantes, en ellas se encuentra
representada toda nuestra profunda realidad, e incluso influyen en nuestra
realidad física. La mayor diferencia
con los sueños del dormir radica en que las realidades virtuales espirituales
son sueños compartidos por quienes creen en ellas, no por el resto de personas
no creyentes o creyentes en otras realidades virtuales. De ahí que cuando se otorga realidad, a una
de estas ilusiones espirituales, se anulen automáticamente el resto de las demás. Un creyente que “sueña” en la realidad
virtual de su creencia no puede creer en otra diferente, pues no se pueden
tener dos sueños simultáneamente. De
ahí que existan tantas creencias tan diferentes y tan incomprendidas entre
sí.
Si todos los grandes videntes espirituales
hubieran visto un mismo cielo, un mismo dios o unos mismos personajes
espirituales, no habría problema, todos creeríamos que son ciertos. Pero, como sucede en el mundo de los sueños,
nuestra realidad interna se escenifica de forma diferente según sea un
individuo u otro quien sueña. En unos
grupos humanos el bien y el mal se escenifican de distinta forma a otros
grupos, todo depende de la cultura a la que pertenece cada grupo, y si en uno
el representante supremo del bien aparece con un aspecto determinado, en otros
lo hace de forma diferente. Después
suele venir la disputa entre grupos de creyentes en un tipo de representación o
de otro, defendiendo unos una imagen y otros la otra, defendiendo uno a un dios
y otros a otro, sin explicase cada uno cómo el otro puede ver algo diferente a
lo que ellos están viendo.
Los escenarios de nuestros sueños cuando
dormimos son creaciones nuestras, de nuestra mente, aunque no las realicemos
conscientemente; en ellas se representa únicamente nuestra vida interior,
aunque muchos de los personajes que aparezcan en nuestros sueños nos hablen y
nos dé la sensación que no son creaciones nuestras. En las realidades virtuales espirituales sucede lo mismo, pero
habitualmente de forma compartida, lo que aumenta el grado de realidad del
sueño esotérico. En las diferentes
atmósferas sagradas, donde se crean o se recrean estos sueños de realidades
virtuales espirituales, las entidades espirituales o fuerzas divinas son parte
de nosotros por mucho que creamos que no tenemos nada que ver con ellas y que
existen por sí mismas. Soy consciente
de que esto es muy difícil reconocerlo, en especial para el creyente; al igual
que cuando estamos soñando nos será casi imposible reconocer que tanto el
escenario así como los personajes de nuestro sueño son creaciones de nuestra
mente. Despiertos, podemos entender que
el toro, aquél que nos perseguía en un sueño, es una creación de nuestra mente;
pero, cuando lo soñamos, sufrimos la trágica persecución como si fuera real.
La atmósfera sagrada es propicia para “soñar
sueños compartidos” vividos con tal grado de realidad que se convierten en
creencias religiosas. Y, como en el
caso de los sueños, esto será muy difícil reconocerlo mientras se continúe
soñando.
LA TRANSMUTACIÓN DE LAS ENERGÍAS
El auge que las ciencias han experimentado en el último siglo, en los países desarrollados, ha introducido en nuestra cultura popular un gran número de términos científicos que a su vez han sido absorbidos por los diferentes caminos espirituales. La utilización de estos términos permite dar explicaciones más sofisticadas y detalladas de las magnitudes espirituales, incluso de esta forma dan la sensación de ser más convincentes al imprimirles un carácter científico.
Entre todos ellos, el concepto de energía es el más utilizado en todas sus variantes y sinónimos. Ya forman parte del vocabulario esotérico popular expresiones como: el poder de la fuerza, la radiación divina, la luz sanadora, la energía universal, el poder mental, las radiaciones cósmicas, las fuerzas del lado oscuro, las energías armonizadoras, las buenas y las malas vibraciones, las energías positivas, negativas, constructivas, destructivas, etc.
Por supuesto que el término energía siempre se ha utilizado, pero nunca con tanta asiduidad como en la actualidad. Las religiones, las vías espirituales o esotéricas, o los métodos sanadores, que incluyen alguna forma de energía en sus doctrinas, están de enhorabuena en los tiempos actuales. El utilitarismo de nuestra civilización acepta muy complacido la utilización de cualquier tipo de energía, con tal de que sirva para mejorar el potencial personal de los individuos. Ser más fuertes suele atraernos más que ser mejores y más espirituales. El gran interés que despiertan las energías ―sean del tipo que sean― está mermando el viejo protagonismo de los dioses, incluso en muchos casos los dioses están siendo sustituidos por las energías. Esto nos puede dar la impresión de habernos liberado de la brutal prepotencia de viejos dioses, pero en realidad apenas sucede cambio alguno cuando la creencia en un dios se sustituye por la creencia en una energía. Lo que antes era un dios, ahora se llama energía. Muy a menudo las energías esotéricas hacen el mismo papel que las deidades, solamente cambia el calificativo, se hace más moderno y más científico; pero el creyente se relaciona con él como si de deidades se tratara.
Probablemente, la deidad y la energía sean la misma cosa, un dios sin energía no es nada, y toda energía está sometida a unas leyes que la gobiernan, y las leyes que rigen el comportamiento de una energía son interpretadas por el creyente como impuestas por la voluntad divina. En la antigüedad las energías se convertían en deidades como por arte de magia, y, hoy en día, las deidades de la antigüedad se están convirtiendo en energías por la influencia del pensamiento científico. Incluso con la deidad suprema, el dios infinito, está sucediendo algo semejante, ahora resulta habitual dirigirse a él llamándolo poder superior, luz infinita, suprema energía de vida, poderoso espíritu soberano, etc.
No se puede evitar que las creencias estén influenciadas por nuestra cultura, nuestros intereses personales o nuestras circunstancias. Nuestros antepasados creaban realidades virtuales espirituales relacionadas con las fuerzas de las Naturaleza, mundos imaginados que daban acogida al dios de las aguas, del viento y del sol. Dioses que tenían un aspecto u otro según les iba a sus devotos en su relación con las fuerzas que representaban. Si el clima era benigno con ellos, los dioses que los creyentes veían eran de aspecto muy agradable; pero si les iba mal la cosa: las aguas se convertían en torrentes destructivos, el viento en huracanes, o la sequía otorgaba al sol un poder abrasador; los dioses que ellos verían no serían de aspecto muy agradable. Este es un ejemplo práctico de cómo las energías, en este caso las fuerzas de la Naturaleza, fueron convertidas en dioses diferentes.
Como venimos diciendo, cuando nuestra mente no es capaz de darnos una explicación lógica que podamos entender sobre algún acontecimiento, entonces, si continuamos insistiendo, pidiéndole una explicación, nuestro cerebro nos la dará creando una realidad virtual que nos explique lo que en realidad no podemos explicarnos de otra manera mejor. Podríamos pensar que esto ya es Historia, y creer que las ciencias nos dan explicaciones suficientemente satisfactorias como para no tener que crearnos realidades virtuales. Esto es verdad en relación con las magnitudes físicas comprendidas científicamente; pero, con las psíquicas o espirituales, estamos como nuestros antepasados estaban con las fuerzas de la Naturaleza, no cesamos de utilizar realidades virtuales para explicarnos y poder entender las movidas de esas energías por nuestros interiores.
En el yoga encontramos un ejemplo práctico de todo esto que estoy diciendo y que a mí me tocó vivir muy de cerca. Kundalini es la energía madre del yoga, yace dormida en nuestro interior, y en su despertar reside nuestra realización como seres espirituales. Es una diosa muy poderosa. Su despertar en nosotros requiere un laborioso proceso que puede necesitar para ser concluido varias vidas, según el yoga, claro está. Muchos occidentales pensaron que esto era así porque en la India no se conocía el despertador, y, ni cortos ni perezosos, se lanzaron a intentar despertar a la bella durmiente. Los que lo consiguieron, comprobaron que el ruido del despertador no es bien recibido, no solamente por los que vivimos en este mundo, sino que también molesta a quienes viven en el otro, y se encontraron con una diosa enfurecida convertida en una serpiente de fuego bastante enojada. Cuando yo hacía yoga ―como comenté en el capitulo de los chacras― también tuve la desgracia de despertar esa fuerza que de poco me abrasa vivo. Yo no recuerdo haber puesto despertador alguno (ya había sido avisado del peligro que corría), pero se conoce que, cuando anduve por mis interiores, debí de hacer algún ruido de más que despertó a la diosa antes de tiempo, y se me desató la tragedia. Gracias a que hoy puedo contarlo, incluso en clave de humor; pero doy testimonió de que ese tipo de energías no son ninguna broma. Cuando decidí bucear en mí para ver que estaba sucediendo en mis profundidades, allí estaba esa serpiente de fuego, era como una barra al rojo vivo que amenazaba con atravesar mi cuerpo, incluso emitía una especie de silbido semejante al que emiten las serpientes. Más tarde aprendí que esa misma energía, que de poco me destroza los nervios, es representada en otras ocasiones como una madre toda llena de amor. ¿Cómo es posible que una deidad pueda ser a la vez algo destructivo o algo sumamente beneficioso? Pues de la misma forma que para nuestros antiguos era la diosa de las aguas: cuando todo iba bien era una diosa de vida y alegría, pero si se convertía en torrente y arrasaba todo lo que pillaba por delante, entonces era un demonio maligno.
Kundalini es una fuerte radiación bioenergética de nuestro cuerpo, su poder es semejante a la fuerza del agua contenida en un enorme pantano, si nos equivocamos al manipular las compuertas de la presa, o éstas se rompen por alguna causa, el poder de las aguas es netamente destructivo, pero si su fluir se regula de forma adecuada, es una fabulosa fuente de vida.
Hoy en día, la mayoría de nosotros no vemos deidades en las aguas, sencillamente porque conocemos casi todos sus misterios, desde los meteorológicos hasta los químicos. Nada nos induce a pensar que haya un espíritu gobernando el líquido que sale por nuestros grifos. ¿Quién se puede creer hoy en día que en torno al agua, al fuego, al viento, a los volcanes y al sol, existan dioses dirigiendo su comportamiento? Está claro que aquellas religiones primitivas eran producto de la ignorancia sobre las fuerzas de la Naturaleza, eran causa del miedo y de la superstición del hombre antiguo. ¿Y no nos resulta ahora obvio deducir de qué son producto las religiones actuales, así como tanta vía espiritual llenas de intrigas, amenazas apocalípticas, misterios insondables, peligros terribles, energías aplastantes, dioses y demonios que nos exigen grandes sacrificios?
Hasta que no descubramos todos los entresijos de las profundidades de nuestra mente, continuaremos creando realidades virtuales para explicarnos lo que nos sucede. Si nuestras energías psíquicas latentes se desatan sin control pueden causarnos verdaderos estragos, y entonces creeremos que se trata de una energía negativa o de un demonio que nos está fastidiando, pero si fluyen a través de nosotros de forma armoniosa y son causa de bienestar, entonces creeremos que se trata de un tipo de energía positiva o de una deidad beneficiosa derramando sus gracias sobre nosotros.
Es necesario comprender esto para continuar adelante. Las energías psíquicas o espirituales son algo natural, pero las deidades que se nos antojan representándolas son invenciones nuestras o de nuestros antepasados, como también lo son cuando nos las imaginamos solamente como determinadas energías gobernadas por leyes implacables, con propiedades y aplicaciones específicas sin ninguna base científica. Teniendo en cuenta que, cualquier creencia sobre una energía de la naturaleza, como pudiera ser la del viento, no se va a ver afectada en su comportamiento, creamos que la gobierna el dios A o el dios B. El viento seguirá soplando según las leyes de la meteorología, no según las ordenes del dios que queramos ponerle encima. Pero nuestras fuerzas psíquicas o espirituales sí que se ven afectadas por nuestras creencias. Yo no hubiera tenido la experiencia que tuve con Kundalini si no hubiera sido un yogui creyente. Si mis estudios esotéricos hubieran seguido otra disciplina espiritual, yo habría experimentado mis movidas internas de forma distinta.
Las fuerzas de nuestro interior son moldeadas por nuestras creencias. En cada realidad virtual espiritual residen diferentes tipos de energía que dan fuerza y vida al mundo virtual y a sus personajes o deidades, si es que los tienen. Vuelvo a insistir en la tremenda capacidad creadora de fantasías espirituales de nuestra mente. El ser humano, con su energía psíquica, y sumergido en una atmósfera sagrada, ha sido capaz de crear innumerables mundos virtuales plagados de unas energías o deidades energéticas de una variedad y de un colorido inmenso. Ha creído en ellas, las ha sentido, y ha vivido para ellas.
Las creencias influyen en las experiencias. Nuestras energías se transmutan en aquello que tenemos fe. Los escenarios virtuales religiosos, o de cualquier vía esotérica, toman vida real en nuestro interior y en nuestro mundo si creemos en ellos, y nuestras energías internas se moverán en ese escenario, darán vida a los dioses o energías en los que creamos; de esta forma condicionaremos nuestra vida con sus limitaciones, olvidándonos de que todo es producto de nuestra creatividad.
Para el creyente en su deidad o en su energía particular estoy cometiendo un tremendo error sacrílego al decir esto, pero seguro que estará de acuerdo conmigo en que las deidades y las energías de las otras religiones son invenciones fantásticas; lo malo es que los creyentes en ellas piensan lo mismo de la suya. Al fin y al cabo todos los creyentes terminarán dándome la razón cuando trate de examinar una religión o una vía espiritual que no es la suya.
El gran descubrimiento del gran gurú de la física, Albert Einstein, también se puede aplicar las dimensiones mentales o espirituales, pues todo parece indicar que las energías psíquicas o espirituales ni se crean ni se destruyen, únicamente se transforman en las fuerzas, magnitudes, personajes o entidades que contienen la realidad virtual que nuestra fe certifica como real.
LA ASTROLOGÍA
Las radiaciones cósmicas son un tipo de sutiles energías que nos llegan del Universo, y parece ser que nos afectan directamente. Está demostrado que la luna afecta a los organismos vivos, y que delicadas reacciones químicas, semejantes a las que se producen en el interior de nuestros cerebros, pueden verse afectadas por las radiaciones que nos llegan de los astros. Pero a partir de ahí, las ciencias apenas conocen mucho más, el desconocimiento de nuestro cerebro en su totalidad, y el de las radiaciones que nos llegan del firmamento, impiden que podamos obtener una idea claramente científica de cómo estas sutiles energías influyen en nosotros.
A pesar de que el hombre sabe desde tiempos inmemoriales que los astros nos afectan, desconocemos en detalle cómo lo hacen; pero ―como he dicho en anteriores capítulos― el ansia del ser humano por hallar respuestas, para aquellas preguntas que todavía no está capacitado para responder, le lleva en muchas ocasiones a inventárselas, y para ello crea universos virtuales donde desarrolla sus hipótesis, las hace realidad, y se responde en su mundo imaginario a las preguntas que de otra forma no podría responderse.
La Astrología es una de estas realidades virtuales que intenta mostrarnos cómo las energías cósmicas influyen en nosotros. Se dice de ella que es la nueva religión estrella de nuestros días, pues tiene sobre las demás ciertas ventajas especiales, como por ejemplo que no es necesario acudir a templo alguno ni estar afiliado a ninguna religión o secta para ser un fiel seguidor de las predicciones astrológicas; esto facilita que sus adeptos se oculten en el anonimato. Se puede ser un fanático de la astrología sin perder el status de persona normal. En los horóscopos que los medios informativos nos ofrecen a diario podemos saber cómo nos van a afectar los astros, y, si queremos una información más personal y detallada, podemos acudir a un astrólogo con la misma facilidad que acudimos al médico.
La Astrología se ha introducido en nuestra cultura como ninguna otra realidad virtual esotérica lo ha hecho en los últimos años. Como sucedió con el Yoga, nuestra sociedad cienticifista la ha acogido por sus connotaciones científicas, por su cariz astronómico, por la rigurosidad que parece deducirse de sus complicados cálculos matemáticos, y por no poseer apenas escenarios religiosos. Los signos de zodiaco hoy en día no se consideran dioses o fuerzas divinas, se interpretan como fuerzas astrales, aunque algunos de ellos sean antiguos dioses convertidos en energías.
El atractivo principal de la Astrología radica en su supuesta capacidad de predecir el destino. Llegar a conocer el futuro siempre ha sido muy deseado, aunque casi nunca conseguido. Lástima que exista tanta falta de acuerdos entre los astrólogos a la hora de confeccionar los horóscopos. Recordemos que la falta de acuerdos es algo típico de toda realidad virtual. Y, como toda realidad virtual, es de una tremenda fragilidad, es una seudo ciencia desarrollada en una realidad imaginaria sin ningún fundamento científico; sólo se mantiene en pie por nuestra creencia en ella. Podemos darle un margen de confianza a esta observación milenaria de los astros y al estudio de cómo nos afectan, pero recordemos cuanta paja tuvo que soportar la Humanidad durante milenios de explicaciones esotéricas en torno a las inclemencias meteorológicas, por ejemplo. Cuando hacía viento no se reconocía como un hecho natural, era el dios del viento el que soplaba, y gigantescos dioses continuaron soplando hasta que descubrimos las causas científicas de los meteoros.
No hay gran diferencia entre el hombre antiguo, sugestionado por el poder del dios del trueno, y el hombre moderno sugestionado por la fuerza de Plutón. Tanto es así que es muy difícil saber cuando son los astros quienes influyen en la vida del adicto a al astrología o cuando es su sugestión quien determina el rumbo de su destino.
El principal error del fanático de la astrología ―como el de cualquier otro fanático― es creer que esas energías que nos llegan de los astros son las “únicas” que dirigen nuestra vida. Cuando en realidad nos relacionamos con tantas fuerzas y energías que resulta un grave error dar prioridad en nuestras vidas a cualquiera de ellas. Porque recordemos que a todo aquello que le demos prioridad, en la dimensión mental o espiritual, se desarrollará en nosotros, crecerá desplazando a otras formas vitales de nuestra persona, y acabaremos desequilibrados, con unas fuerzas y energías muy desarrolladas, muy presentes en nuestras vidas, por haberlas potenciado con nuestro interés, y con otras sin apenas desarrollar por no haberles prestado interés alguno. Si dirigimos nuestro programa de selección de preferencias sobre un determinado tipo de energía exclusivamente, acabaremos viviendo en una realidad virtual construida por dicha energía y por sus derivados o transmutaciones.
Por ello es necesario reconocer si hemos alcanzado un insano grado de adicción partidista hacia cualquier realidad virtual. Para ello primero habremos de descubrir la realidad imaginada y después nuestro grado de adicción. Nuestra adicción no es difícil descubrirla, basta con que alguien ponga en duda la realidad virtual en la que creemos ciegamente para que se nos revuelvan las tripas, pues ese tipo de creencias necesita de un fanatismo visceral que le dé realidad.
Desenmascarar a una realidad virtual no es difícil, incluso siendo adictos a ella; si nos esforzamos por ser objetivos y sinceros, podremos reconocerla. Hay una pista infalible para descubrir una ilusión esotérica: toda realidad virtual espiritual se forma con elementos extraídos de la cultura de los pueblos, sociedades o grupos que las generan, y si se ha creado una realidad virtual en torno a determinado tipo de energías en una civilización, es casi seguro que en otra parte del mundo, en otras culturas diferentes, se hayan creado otras realidades virtuales diferentes en torno a las mismas energías. Por ejemplo: un dios del viento de una cultura antigua era distinto del dios del viento de otra cultura totalmente diferente. Esta es una forma de erradicar fanatismos. Una amplia culturización de los individuos nos da el ingrediente básico para eliminar la ciega creencia en estos mundos ilusorios. El fanatismo de una persona puede resquebrajarse si observa la existencia de otras personas tan fanáticas como ella que defienden una realidad virtual diferente u opuesta sobre el mismo tema y con el mismo ahínco.
La astrología no es una excepción a esta regla de diversidades ilusorias. Existen otras realidades virtuales espirituales astrológicas diferentes de la popularmente conocida por los doce signos del zodiaco. En el lejano oriente tenemos el horóscopo chino, basado en los ciclos lunares, al que aconsejo que se le preste un poco más de atención para desmitificar nuestra astrología occidental. (También está empezando a llegarnos a Occidente noticias del horóscopo azteca, pero está mucho menos introducido en nuestra sociedad que el chino). Los sabios chinos hicieron un sorprendente trabajo para ayudar a entender al pueblo llano los complicados cálculos astrológicos. Los doce animales del horóscopo chino ejercen su influencia cada uno en cada año, y cada doce años se vuelve a renovar el ciclo. Cada persona tiene las características del animal de año en el que ha nacido, y en cada año nos irá diferente según el animal reinante en ese año. Esta compleja interrelación entre las psicologías de estos animales resulta muy fácil de asimilar y no exige cultura alguna, ya que cualquier analfabeto conoce la personalidad de estos animales y su relación entre ellos. Y por supuesto que su efectividad es tan comprobable como lo es en nuestra astrología babilónica, a pesar de ser totalmente diferente a ella. Incluso en algunos casos pueden las personas descubrir que define su personalidad mucho mejor que la astrología zodiacal.
El partidario de la astrología, como el que lo es de la religión, o de cualquier vía esotérica o espiritual, hará muy bien en conocer otras alternativas semejantes a la suya para abrirse a nuevos horizontes, ampliar sus opciones de elección, y, en definitiva, aumentar su grado de libertad. Si Marte nos está dando mucha guerra, no estaría nada mal echarle un vistazo al horóscopo chino, porque igual en él encontramos un pronóstico, para el animal que somos, de un tiempo de placida bonanza. Es en estas contradicciones donde se pone a prueba nuestra capacidad de elección, según deseemos paz o guerra nos inclinaremos por utilizar un horóscopo u otro. Ésta es una buena manera de retomar nuestro auténtico poder para dirigir nuestro destino.
Yo mismo me confieso influenciado por las predicciones astrológicas, pero, como no se me dan bien los complicados cálculos de la astrología zodiacal, y las predicciones que puedo observar en los horóscopos de los periódicos y revistas son contradictorias, y, además, como me niego a gastarme dinero alguno en astrólogos, porque yo consultaría a más de uno para contrastar datos, y seguro que no se pondrían de acuerdo en cómo me va a ir, he optado por la astrología china que me lo pone más fácil y es menos contradictoria (no se si por el hecho de que haya menos astrólogos chinos en Occidente). Así que he escogido el año del buey para que este trabajador animal me ayude a realizar el esfuerzo de escribir este libro, y procuraré editarlo en el año del tigre, tiempo propicio para las revoluciones culturales, ya que necesitaré un apoyo extra para que ni yo ni el libro seamos aplastados por las fuerzas tradicionalistas.
(He de notificar que cuando escribí por primera vez este capítulo así pensaba que iba a suceder, no contaba con que este estudio iba a ser tan extenso ni que iba a necesitar tanto tiempo como el que he necesitado para concluirlo. Se me pasó el año del tigre sin editarlo, llegó el año siguiente, el año del gato, también llamado el año del conejo o de la liebre, y se conoce que a estos tiernos animalitos no les gustó como había quedado lo escrito, por lo que le estoy dando un repaso. Espero que este año, o el siguiente, el del dragón, sean unos años propicios la edición de nuestro “paseo por el interior de las sectas”. No me gustaría tener que esperar doce años para que cada animal estelar chino me diese el visto bueno al texto).
Como se puede observar, quien no se monta su particular película astrológica es porque no quiere.
EL YIN Y EL YANG, EL KI Y EL PRANA
Volviendo a recordar el capítulo de la transmutación de las energías, y como continuación del de la Astrología, vamos a centrarnos ahora en otros diferentes matices energéticos que varias vías espirituales o esotéricas nos muestran. Uno de esos principales matices nos llega del taoísmo, en esta vía espiritual se afirma que todas las realidades existentes se sustentan por estar sometidas a la dualidad. Sólo existe una realidad total e infinita que existe por sí misma, y ésta es el Tao. La creación se forma al dividirse esta magnitud universal primordial e infinita en innumerables pares de opuestos que dan realidad a todos los elementos de nuestra realidad. Es como si toda la creación funcionase a pilas, cada elemento de ella tiene su polo positivo y su polo negativo por el que circula una corriente que lo mantiene en la dimensión de la realidad, y a su vez cada elemento es un polo opuesto de otro elemento similar a él pero diferente, entre los cuales también circula una corriente o una energía que les da vida a ambos; se trata una atracción repulsión semejante a la fuerza de gravedad compensada por la fuerza centrifuga que mantiene en equilibrio a los sistemas planetarios y a los átomos.
La teoría del Yin y del Yang nos dice que nada existe sin polaridad, de hecho, nos dice que es precisamente la polaridad lo que da la vida. Toda la creación parece haber sido llevada a efecto por un poderoso ordenador y programada en un sistema binario. Todo es reducido por esta doctrina a Infinidad de dualidades en una compleja interrelación: Cielo y tierra, masculino y femenino, frío y calor, alto y bajo, positivo y negativo, vida y muerte, vacío y lleno, acción e inacción, expansión y contracción, separación y unión, grande y pequeño, blanco y negro, etc. Son las innumerables formas que adopta el Yin y el Yang, en un difícil equilibrio entre su atracción y repulsión mut