Posiblemente no exista otro mediador
estrella en otras civilizaciones que haya sido tan manipulado como Jesucristo
en nuestra cultura occidental. Las
religiones cristianas, sectas o vías de realización ―llamémosles como
queramos―, se cuentan por cientos.
Aquel hijo de carpintero, probablemente, nunca llegó a sospechar que su
mensaje pudiera llegar a dar pie a tantas doctrinas y tan diferentes. En mi paseo por las sectas es sorprendente
todo lo que he podido llegar a oír sobre él.
Son innumerables las versiones que hay sobre su vida, cada una de ellas
defendida por argumentos convincentes para los creyentes en esas versiones
particulares.
Aprovechando la sospecha de que el nuevo
testamento ha sido manipulado a lo largo de la Historia, unas versiones dicen
que los años que precedieron a su vida pública no se los pasó ayudando a su
padre en la carpintería, sino que estuvo educando su espiritualidad en los
centros más espirituales del mundo de aquella época. (Naturalmente esos centros
de estudios esotéricos suelen coincidir con las tendencias religiosas de la vía
o secta cristiana que defiende dicha versión sobre el pasado de Jesús).
Las tendencias esotéricas que ven en
la sexualidad el elixir indispensable para el crecimiento del espíritu, no creen
que Jesús fuera célibe, más bien creen que se acostaba con María Magdalena,
prostituta elegida para las difíciles posturas que estos místicos profesionales
han de adoptar en el proceso alquímico sexual.
Su inmortalidad tiene bastantes
detractores, aunque hay muchos más que están a su favor, incluso algunos
afirman que en la actualidad se pasea por las calles de nuestras ciudades como
un turista cualquiera, luciendo un cuerpo de dos mil años de antigüedad, pero
con un aspecto del que todavía no ha cumplido los cuarenta.
Otros lo sitúan allá en el paraíso,
a la cabeza de las huestes celestiales, presidiendo la gran logia blanca,
compuesta por todos los grandes personajes espirituales que se fueron al otro
barrio; y que desde allí ―dicen― están haciendo todo lo posible
para salvar al mundo de sus males.
La mayoría esperan su segunda
venida, la anunciada en las escrituras a bombo y platillo, retorno definitivo y
apocalíptico como rey salvador, inminente según aseguran muchos. En unos casos vendrá al frente de una
inmensa flota de platillos volantes a salvar a los buenos (entre quienes se
encuentran los miembros de la secta aficionada a los ovnis, naturalmente); y,
en otros casos, será al frente de una huestes de ángeles, con trompetas y esas
cosas que usan los ángeles. Pero hay
otros que aseguran que su venida será como la anterior, como todo hijo de
vecino, parido por hembra humana, más no en plan mártir, sino como rey del
mundo. Y anuncian la venida tan
inminente que muchos ya han anunciado su nacimiento. Lástima que no se pongan de acuerdo. Llevo más de treinta años escuchando que acababa de nacer en
algún país afortunado, hijo de unos padres más afortunados todavía. Sin exagerar, serán unas cinco veces las que
he recibido la buena nueva de cinco nacimientos en años diferentes,
distanciados por varios años, y en lugares y de padres distintos. Cinco nuevas Navidades con fecha diferentes
y cinco sagradas familias de otros tantos pueblos elegidos. Como se les ocurra a todos ellos predicar a
la vez su buena nueva, no sé qué método habrán de usar los legisladores
espirituales para saber cuál de ellos es el auténtico. Y seguro que habrá muchas más anunciaciones
de las que a mí no me llegó noticia. De
ser ciertas todas ellas, tendríamos en la actualidad un gran número de
Jesucristos predicando doctrinas diferentes..., y, de hecho, los tenemos.
Hay sectas, incluidas en el montón
de las partidarias de la reencarnación, que tienen un descaro sorprendente a la
hora de acreditar que su dirigente es el auténtico dios hecho hombre
reencarnado en innumerables ocasiones, todas ellas de mediadores estrellas,
naturalmente. Y nos podemos encontrar,
en su certificado particular, el periplo que el alma santa de su maestro recorrió
por este mundo metiéndose un cuerpo tras otro de todos los grandes maestros que
han existido. No es poco corriente
encontrarnos en alguna sala del centro sectario o en las páginas de algún
libro, una consecución de retratos realizados por algún devoto correspondientes
a Krisna, Confucio, Buda, Jesucristo, Mahoma, etc. Todas ellas puestas en orden cronológico, para insinuar el
recorrido a través de los siglos del alma grande de su maestro, la única que ha
merecido la pena ser adorada en este mundo.
En los lapsus de siglos donde no ha sobresalido ningún mediador
estrella, se sacan de la manga algún santo que sin llegar a gran mediador
sobresalió en esa etapa histórica, y lo ponen en la lista para rellenar el
hueco temporal, de esta forma demuestran que su incansable maestro no ha
abandonado el cuidado del mundo ni un momento.
Como se puede comprobar, el gran fraude
espiritual tiene infinidad de modalidades.
Al inocente occidental buscador, que desconoce estas patrañas, siempre
le causa una fuerte impresión el anuncio de estas nuevas venidas de
Jesucristo. Es una forma típica de
captación de adeptos. La buena fama de
Jesucristo se convierte en anzuelo para pescar al incauto. En ocasiones se mantiene en secreto la
noticia de la nueva venida, (igual temen que algún moderno Herodes se ponga a degollar
niños), buena nueva que solamente recibirán aquellos que sean de la secta en
cuestión. Crías de nuevos salvadores
que suelen llegar a hacerse adultos.
Nos sorprendería conocer el elevado número de individuos que en la
actualidad se creen ser Jesucristo y tienen seguidores.
El hecho de que fuera un gran
milagrero, también le hace estar en cabeza de las invocaciones de los sanadores
junto con el Espíritu Santo. Las
técnicas particulares de muchos sanadores esotéricos son anunciadas como las
que utilizó Jesucristo hace dos mil años.
Un pequeño repaso de todas ellas nos demuestra que eso es imposible,
pues son muy diferentes entre sí y corresponden a orígenes muy dispares; pero
los sanadores no se suelen cortar un pelo para invocar el poder sanador de
Jesús, aun cuando están utilizando un método chamanístico o de brujería, que
muy probablemente sería rechazado por nuestro mediador estrella si éste
levantara la cabeza.
Otras tendencias nos dicen que Jesús
fue una persona normal que alcanzó el estado “crístico”, etapa final de la
evolución espiritual del ser humano.
Este tipo de interpretaciones nos dicen que Cristo no es una persona si
no un estado que se puede alcanzar,
(esto nos puede explicar porqué hay tantos cristos).
Y no podemos dejar de referirnos en este capítulo a quienes están en comunicación constante con él vía telefónico-celestial. Pero éste es un asunto que trataremos más detalladamente en el capítulo sobre los mensajes del más allá.