VIRTUALISMO
INTRODUCCIÓN ¿ES NUESTRO MUNDO REAL? ¿LA VIDA ESSUEÑO? ¿VIVIMOS EN UNA REALIDAD VIRTUAL?
La revolución informática está originando una nueva forma de cuestionarse viejas dudas existenciales. Gracias a ciertas creaciones de ciencia-ficción, especialmente cinematográficas, sugerir que nuestro mundo pueda ser una realidad virtual empieza a ser parte de la cultura popular en los países desarrollados. Una nueva visión de la realidad, que hemos dado en llamar virtualismo, está naciendo en nuestra sociedad. Se trata de una nueva noción de la existencia que puede iniciar una revolución cultural sin precedentes. Un acontecimiento al que, por ser tan extraordinario, vamos a prestar atención en este libro. A la cabeza de este imparable proceso de alteración cultural se encuentra la revolución informática. Tecnología que con su incesante creación de personajes, mundos o escenarios virtuales, es el mayor centro productor de simulaciones y el que más interés despierta. Es ya tan habitual relacionarse con la virtualidad informática que pocas facetas del hombre moderno se libran de verse afectadas. La palabra “virtual”, un vocablo en desuso hasta hace poco tiempo, es ya una expresión frecuente del lenguaje popular. Sobre éste fenómeno social están corriendo ríos de tinta, aunque apenas se sacan claras conclusiones sobre lo que está pasando realmente. El progreso de la informática experimenta tan grandes cambios en su tecnología, y a tal velocidad, que los grandes intelectuales apenas tienen el tiempo necesario para estudiar a fondo el acontecimiento. Nos encontramos inmersos en una revolución cultural sin grandes visionarios que la dirijan, nacida en el pueblo y en su relación con las máquinas. Revolución que ―como cualquier otra― genera multitud de miedos; muy a menudo temores que culpabilizan a las modernidades tecnológicas de males que tienen otros orígenes. Se dice de los ordenadores que son una moderna adicción social, culpables de que gran parte de la población permanezca “colgada” en la evanescencia de sus pantallas. Sin embargo, en estas modernas máquinas no reside la principal causa de la nueva adicción por lo virtual; la complacencia de ensimismarse en realidades fantasiosas es tan vieja como lo es nuestra raza. El ser humano siempre ha sido un gran creador y consumidor de fantasías: véanse los sueños involuntarios que tenemos mientras dormimos, todo lo que al hombre le ha gustado de siempre soñar despierto, las actuaciones teatrales delicias del pueblo en innumerables civilizaciones, o la gran cantidad de fantasías espirituales, convertidas en millares de creencias religiosas o esotéricas, de las que ninguna sociedad del pasado se ha librado. La fascinación por la virtualidad no es una novedad para los seres humanos, lo novedoso reside en los avances tecnológicos al servicio de nuestro gusto por ensimismarnos con las fantasías. En la antigüedad, los relatos fantásticos se transmitían oralmente, por lo que su propagación y disfrute era muy limitada. Pero en cuanto las personas empezaron a saber leer, y las imprentas comenzaron a producir libros con relatos fantásticos, aumentó considerablemente el consumo de la ficción. Después llegaron el cómic, el cine y la televisión, modernas industrias que perfeccionaron la capacidad de seducción añadiendo imágenes a los relatos. Las imágenes en movimiento consiguieron que la virtualidad se hiciera tan seductora que los televisores se convirtieron en algo indispensable en todos los hogares de los países desarrollados, de tal forma que el tiempo dedicado por las personas al ensimismamiento en lo irreal aumentó considerablemente. Y ahora llegan los ordenadores, capaces de conseguir que aumentemos todavía más el tiempo de distracción con lo virtual, debido a su capacidad de hacernos vivir todavía más realmente las ficciones al permitirnos ser protagonistas de ellas. Por supuesto que no vamos a ignorar la función informativa de los medios de comunicación audiovisuales y de los ordenadores, así como las extraordinarias herramientas de trabajo que estos últimos resultan para realizar ciertas tareas. Pero también hemos de reconocer que toda esta tecnología está siendo utilizada masivamente para fomentar la distracción de la realidad, la evasión a realidades fantásticas, llamadas virtuales en el caso de los ordenadores. La gran novedad que nos aporta la cultura del ordenador a nuestra inclinación por la virtualidad es que, además de ser testigos de las fantasías, podemos participar activamente en ellas, en un régimen que se ha dado en llamar interactivo. Ya no solamente nos limitamos a disfrutar de los relatos fantásticos, o a contemplarlos en las pantallas, ahora podemos penetrar y participar en ellos con un grado de realismo que aumenta día a día. Poco a poco vamos entrando en los mundos generados en el ordenador con un mayor grado de calidad, y, en consecuencia, podemos sumergirnos en la virtualidad con un mayor grado de realismo. Los videojuegos informáticos, tanto generados en los ordenadores como en las videoconsolas, son la nueva adicción de masivo consumo gracias a sus propiedades para hacer vivir situaciones fantásticas y divertidas en mundos virtuales. Capacidad de sumergirnos en la ficción que alcanza su grado máximo si hacemos uso de los sistemas de inmersión en los ciberespacios creados por la moderna tecnología de realidad virtual. Ya se puede vivir la ficción con tal grado de realidad que las fronteras entre lo real y lo irreal empiezan a desvanecerse. Lo virtual invade muy a menudo nuestra realidad, mientras que lo real cobra frecuentemente cuerpo virtual. La convivencia entre lo real y lo irreal provoca que la ficción tome visos de realidad muy a menudo, y que la realidad pueda ser considerada una virtualidad. Tal mezcla de realidades empieza a conmover hasta los cimientos más profundos de nuestra cultura, pues se está empezando a sospechar que no debe de haber mucha diferencia entre ambas cuando se pueden mezclar y confundir tan fácilmente; por lo que se está empezando a extender la idea de que nuestro mundo pueda ser otra realidad virtual. Suposición que lleva años explotando la ciencia-ficción, mostrándonos que los mundos de realidad virtual del futuro podremos sentirlos tan reales como el nuestro, o que éste nuestro mundo ―que consideramos real― bien podría ser una realidad virtual. No deja de sorprender que en el cenit del desarrollo tecnológico, máximo representante del boyante materialismo de nuestro mundo, estemos encontrando razones para sospechar que la materia no existe. Y no solamente debido a la revolución informática, pues en otras disciplinas científicas también se pone de manifiesto que nuestro mundo no es tan real como nos parece. Supuesto que vamos a utilizar como hipótesis de trabajo en este libro. Posibilidad que, de ser cierta, daría un vuelco a nuestra concepción de la existencia, pues afectaría a nuestra visión de las cosas, del mundo y del universo. En el presente volumen vamos a realizar un escueto análisis de diversas vertientes de nuestra cultura relacionadas de una forma o de otra con el virtualismo. Observaremos que el supuesto de que nuestro mundo pueda ser una ilusión es un buen camino para continuar recomponiendo el puzzle de nuestra existencia, pues el virtualismo quizás pueda llegar a ser una teoría que unifique muchas de las contradicciones humanas, es decir, las haga más comprensibles y hasta cierto punto lógicas. Aunque es cierto que todo investigador, dispuesto a demostrar algo, se puede engañar en sus deducciones, sorprende la gran cantidad de hechos que encajan en el supuesto de que vivamos en una realidad virtual. En los diferentes ámbitos del saber humano existen multitud de evidencias que apoyan la hipótesis de la virtualidad de nuestro mundo. Pruebas o indicios con los que vamos a iniciar un camino que nos ayude a dilucidar si realmente nuestro mundo es virtual o no lo es. CIENCIA-FICCIÓN >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> Comenzaremos analizando algunas películas de ciencia-ficción cuyos contenidos están relacionados con el virtualismo. No lo hacemos porque sean de gran importancia para la investigación que nos hemos propuesto, sino porque a través de ellas se ha difundido a un nivel popular la existencia de la realidad virtual y la posibilidad de que nuestro mundo pueda ser una fantasía digital. Las personas que tienen dificultades para entender qué es una realidad virtual, o para pensar en la posibilidad de que nuestro mundo pueda ser un inmenso ciberespacio, pueden conseguir cierta información de forma relativamente cómoda viendo estas películas (todas disponibles en formato de vídeo en el mercado); pero, a su vez, también pueden adquirir ideas al respecto muy alejadas de la realidad, a causa de los fantásticos adornos cinematográficos o de las predicciones científicas sin fundamento. Hemos de agradecer a tales producciones cinematográficas la difusión del virtualismo, pero también hemos de reconocer que se trata de creaciones artísticas, repletas de fantasías científicas, que pueden crear confusos puntos de vista sobre la virtualidad de nuestro mundo. De hecho, ninguna película alcanza a exponer la realidad virtual, o la hipótesis sobre la virtualidad de nuestro mundo, con un mínimo de coherencia científica. Claro que, si así fuera, serían documentales y no creaciones artísticas. Por lo tanto, para que los interesados en el virtualismo, y a su vez aficionados al cine de ciencia-ficción, no acabemos perdidos entre espejismos cinematográficos, vamos a realizar unos sencillos análisis sobre algunas de estas películas. Entre la multitud de filmes que tratan sobre el tema que nos ocupa elegimos aquellos que consideramos más importantes. Sus análisis podemos aplicarlos al resto de películas que no incluimos por no tratar el tema de la realidad virtual como argumento principal o porque no nos descubren nada nuevo de importancia. EL CORTADOR DE CÉSPEDEstrenada en 1992, fue una de las primeras creaciones cinematográficas que trató el tema de la realidad virtual alcanzando un gran éxito de taquilla. Entre sus fantasías científicas podemos destacar el uso de la realidad virtual para fines terapéuticos, una predicción que, aunque se exagera enormemente en el film, acertó de lleno, pues hoy en día ya se están creando programas que intentan servir de ayuda en la rehabilitación de disminuidos psíquicos. Otra ficción que podemos observar en esta película, con muy pocas posibilidades de que por ahora pueda llegar a conseguirse, es una relación sexual virtual integral entre dos personas unidas exclusivamente a través del ordenador. Es éste un tema que se aborda muy a menudo en ciencia-ficción, pero que tiene muy poco de ciencia y mucho de fantasía científica. Como irreal, por ahora, también es la completa descorporeización que podemos observar en el desenlace final de esta película. Desde los comienzos de la realidad virtual se piensa en la posibilidad de abandonar el cuerpo y sumergirse totalmente en ella, algo que despierta grandes temores en algunas personas, y ―sorprendentemente― grandes esperanzas en otras. Debido a que esta película se filmó en los inicios de la realidad virtual, no aparecen en ella sofisticados sistemas de inmersión. Los que podemos ver se resumen a unos sencillos electro guantes, unos visiocascos, unos simples sistemas de suspensión corporal controlada, y una especie de traje de una tecnología indefinida que supuestamente consigue una inmersión en los ciberespacios de cuerpo entero. Quizás lo más valioso de la película sea su argumento: Un investigador, que trabaja con realidad virtual en chimpancés para el ejército, decide experimentar por iniciativa propia con una persona de muy bajo coeficiente intelectual. Con la ayuda de drogas, y con inmersiones en ciberespacios educativos, que le transfieren datos culturales a gran velocidad, consigue acelerar prodigiosamente su capacidad de aprendizaje, hasta lograr convertirlo en una persona normal en muy poco tiempo. Pero el cambio no se detiene, y el proceso continúa, convirtiéndose en un superdotado con poderes paranormales y con las fuerzas de su lado oscuro en acción. Superhombre que finalmente decide sumergirse en las redes telefónicas, donde podrá continuar evolucionando, aunque tendrá que esperar a que la gran telaraña mundial, Internet, todavía en gestación por aquellos años, sea un hecho. En general podemos decir que “El cortador de césped”, a pesar de los años que han pasado desde su estreno, de sus casi dos horas de duración, y de su inevitable fantasía científica, es una película entretenida y una de las mejores para introducirse en el conocimiento de la realidad virtual, pues, toca con cierta calidad cinematográfica muchas de las inquietudes que despierta dicha tecnología. VIRTUOSITY Tres años más tarde (1995) el mismo director del cortador de césped, Brett Leonard, nos deleitó con otra de las mejores películas sobre la realidad virtual. En este film, aunque todavía no se hace referencia a la posibilidad de que nuestro mundo pueda ser una ilusión digital, las dos realidades empiezan a confundirse, circunstancia que es aprovechada para mantener el suspense. Virtuosity, es una de esas películas de intriga y de trepidante acción que te mantienen pegado a la butaca. En ella podemos ver un ciberespacio, muy semejante al mundo material, en periodo de experimentación que es utilizado para adiestrar policías. Del cual consigue escaparse un delincuente virtual, programado con las tendencias delictivas de los peores asesinos y materializado con fantasiosas tecnologías. La acción sigue las pautas de un típico argumento, donde el asesino es perseguido por el policía protagonista; pero en esta ocasión la acción sucede en dos mundos paralelos, en el real y en el virtual. Los sistemas de inmersión son mucho más sofisticados que los mostrados en “El cortador de césped”, en ellos se sugiere la posibilidad de que algún día podamos entrar en las realidades virtuales engañando a nuestros sentidos manipulando nuestro cerebro, algo que todavía está muy lejos de que podamos conseguir, pues todavía la materia gris nos resulta una gran desconocida. Está película puede ser recomendable, para los aficionados al virtualismo, por la débil frontera que nos muestra entre lo real y lo virtual; aunque no podrán disfrutarla quienes no sean capaces de soportar las considerables dosis de violencia que contiene. NIRVANA En las películas anteriores no se hace mención a la posibilidad de que nuestro mundo pueda ser virtual, pero a partir de 1997, año en el que se estrenó Nirvana, ya se empieza a sugerir dicha posibilidad. Lo más interesante para el virtualismo de esta película es el hecho de que un personaje de un videojuego alcanza a “despertar”, a tomar conciencia de su situación, y a revelarse contra ella; llegándole a pedir a su programador que lo destruya borrando el videojuego donde habita, pues lo mantiene como un pelele bailando al son que marca el programa. Pero lo más sorprendente son los diálogos entre este extraordinario personaje virtual y su programador, donde se insinúa que nuestra realidad puede ser también un videojuego, aunque, a diferencia del informático, en el juego de la vida, el hombre tiene la posibilidad de romper las reglas del programa que intentan controlar su existencia. Se trata de una película muy interesante y recomendable para los aficionados al virtualismo. Y, aunque puedan resultarnos pesadas sus dos horas de duración cargadas de temas transcendentales, nos vendrán bien como ejercicio estimulante de unas funciones intelectuales que necesitamos mantener en forma, especialmente para cuando intentemos profundizar más en serio en la supuesta virtualidad de nuestra vida. Los sistemas de inmersión que podemos ver en este film son los que ya se ha acostumbrado a utilizar la ciencia-ficción por estas fechas, pertenecen a un lejano futuro donde supuestamente se conseguirá unir los ciberespacios informáticos con el cerebro. Algo que, si se llegara a conseguir, sucedería en un futuro lejano, porque, como ya hemos comentado, en el presente ni se atisba esa posibilidad tecnológica. ABRE LOS OJOS Estrenada en el mismo año que Nirvana (1997), en esta película también se sugiere la posibilidad de que la vida pueda ser una realidad virtual, un sueño en este caso; aunque diferencia la fantasía onírica de la realidad cotidiana. Pero la mezcla de ambas realidades, que en ciertos momentos de la vida experimentamos los seres humanos, en los que no sabemos si estamos dormidos soñando o despiertos, es aprovechada para mantener el suspense a lo largo de toda la proyección. No estoy muy seguro si esta película puede estar incluida en el género de ciencia-ficción. Si la he incluido en esta sección es porque, aunque no vemos en ella sofisticadas tecnologías futuristas, realiza una curiosa exposición de la realidad virtual. Si se tiene la paciencia de soportar las casi dos horas de intriga que le mantienen a uno en vilo, sin saber muy bien que es lo que está pasando, es una película que se puede recomendar a las personas interesadas en el virtualismo. El sistema de inmersión que se utiliza no aparece en el film, en la pantalla no vemos artilugio tecnológico alguno, únicamente se da una explicación de su funcionamiento. Algo que en muchas ocasiones se agradece, pues es mucho mejor no mostrar nada antes que embrollar a los sufridos espectadores con extraños funcionamientos de los improbables engendros tecnológicos futuristas que tan a menudo nos muestra la ciencia-ficción cinematográfica. Como inmersión en la realidad virtual se utiliza un sistema de sueño inducido, una especie de control onírico un poco chapuza, que frecuentemente consigue que al paciente se le convierta en pesadilla. Algo que no es de extrañar, pues es ésta una posibilidad que está muy lejos de conseguirse por las ciencias de la mente humana. De todas formas, es una de esas películas qua aborda con seriedad las inquietudes del virtualismo. NIVEL 13 En 1999 ya se empieza a divulgar en las salas cinematográficas la posibilidad de que nuestra realidad podría ser virtual, aunque el soporte digital de nuestro mundo que nos sugiere la ciencia-ficción, creado por computadoras, tenga muy pocas posibilidades de llegar a ser cierto. Como ya hemos comentado, las fantasías futuristas se suelen alejar demasiado de las posibilidades reales de la tecnología del futuro. Son a todas luces improbables de conseguir las inmersiones ―casi mágicas― de cuerpo entero en realidades virtuales perfectas que podemos ver tanto en esta película como en la mayoría de su género. En Nivel 13 los sistemas de inmersión funcionan sin periférico alguno aplicado al cuerpo. Una especie de scanner lee el cerebro, lo vacía de contenido y lo transfiere a otro cuerpo, virtual, por supuesto. Mundos, y personajes con capacidad autodidacta de aprendizaje, son creados en potentes ordenadores; situación excelente para realizar fantasías cinematográficas, pero improbables científicamente. En esta película se vuelve a utilizar la realidad virtual para aumentar el suspense. Además de mantenernos en vilo buscando al típico asesino de toda típica película de intriga, el espectador se las ve y se las desea para distinguir a los personajes reales de los virtuales que se pasean entre los mundos simulados y el material con una facilidad pasmosa, de tal forma que ni incluso al final el espectador acaba sabiendo quién es real y quién virtual. A pesar de tal embrollo, y de haber pasado sin pena ni gloria por las salas cinematográficas, podemos considerar a esta película recomendable para las personas interesadas en el virtualismo, pues seguir su argumento obliga a realizar una gimnasia mental que puede servir para ejercitar los músculos de la materia gris. Lo que nos vendrá bien ―como venimos diciendo― para abordar más en serio la hipótesis de que nuestro mundo pueda ser virtual. Quizás lo más interesante de esta película para el virtualismo sea la extraordinaria mezcla de realidades virtuales. En ella podemos ver como se crea una realidad virtual dentro de otra realidad virtual, una simulación dentro de otra simulación, una copia dentro de otra copia; algo que es posible estemos realizando en la actualidad al crear mundos virtuales desde nuestra realidad supuestamente virtual. Otro aspecto interesante que nos muestra esta película es la transferencia de conciencias entre los diferentes cuerpos y mundos virtuales, poniendo de manifiesto que nuestra esencia no radica en nuestros cuerpos, sino en nuestra conciencia. En diversos mundos simulados podemos ver a varios personajes virtuales con personalidad propia, con alma, que se transfiere de una realidad a otra. Proceso que, aunque se realiza con excesiva facilidad y fantasía, nos sirve para ejercitarnos en la búsqueda de esa esencia invariable que supuestamente deberá de existir en nuestro interior. MATRIX Hubo una gran guerra mundial, allá por el futuro, entre las máquinas y los hombres. Ganaron éstas, y redujeron a la toda la Humanidad a un estado vegetal. Sumergidos en matrices artificiales, los cuerpos de las personas son utilizados para generar la energía que alimenta a las máquinas. Y, para que los seres humanos tengan la sensación de estar llevando una vida normal, las máquinas los sumen en un sueño digital, en una realidad virtual generada por ellas, que los mantiene soñando en el año 1999 (precisamente el año que se estrenó esta película). Pero un grupo de revolucionarios han despertado, se han liberado de la matriz artificial (The Matrix) y luchan contra ella intentando liberar al resto de la Humanidad. Cuatro Oscar y una gran recaudación de taquilla nos confirman que nos encontramos ante una obra de arte cinematográfica. Un éxito que podemos explicarlo por la buena dirección e interpretación de sus actores, y por sus efectos especiales; pero Matrix tiene algo más. En esta película se utilizan muchos de los grandes arquetipos enraizados en lo más profundo de nuestra civilización. En ella podemos ver al gran héroe, al salvador de la Humanidad, al elegido, al resucitado, y ―como no― al judas, al traidor, quien vende a sus compañeros a cambio de que lo dejen seguir soñando con la riqueza y los placeres de la ilusión. También se nos muestra la búsqueda de la verdad, el despertar, el renacimiento, la liberación de las cadenas de la ilusión, y el amor que resucita a los muertos. Viejas metas espirituales que aun pululan por las profundidades del hombre moderno, y que, muy probablemente, ayudaron a conseguir el éxito a esta película. Muchas de las grandes obras de ficción consiguen su éxito porque entre su trama de fantasía incluyen fragmentos de nuestra profunda realidad, a menudo inconsciente. En Matrix también vemos reflejados algunos de nuestros grandes miedos: la gran guerra mundial tecnológica que arrasa el mundo, y la revolución de las máquinas que nos convierte en esclavos de ellas. Agoreras predicciones apocalípticas que esperemos no se cumplan nunca. El sistema de inmersión en la realidad virtual que se nos muestra se realiza a través de una especie de conectadores, implantados por las máquinas en los cuerpos, por los cuales se realiza la transferencia al mundo artificial. Un sistema tan fantasioso de inmersión como lo es casi toda la tecnología de futuro que podemos ver en esta película. Incluso su argumento tiene muy pocas posibilidades de que algún día pudiera llegar a ser cierto. Se trata de una fantasía cinematográfica en toda regla, sazonada ―como hemos dicho― con profundas realidades humanas. Su gran difusión a un nivel mundial ha popularizado enormemente la posibilidad de que podamos estar viviendo en una realidad virtual, llegando a convertirse este film en un importante acontecimiento para el virtualismo, por no decir el más importante hasta ahora. Y es que Matrix, ha pesar de mostrarnos un futuro excesivamente fantasioso, consigue hacernos recordar viejas inquietudes existenciales que estábamos olvidando, quizás porque nos exigían demasiado esfuerzo intelectual. Esta película consigue que sus más de dos horas de duración, cargadas de profundas cuestiones existenciales, no se hagan insoportables. Su incesante acción, repartida entre una realidad y otra, la convierte en un film entretenido. Sin lugar a dudas es la película más recomendable para las personas interesadas en el virtualismo, pues obliga a realizar una gimnasia mental muy completa con las cuestiones existenciales que tarde o temprano tendremos que afrontar, si la revolución cultural que nos ocupa no se detiene. Tan importante está siendo Matrix para el virtualismo que, en mi opinión, ha conseguido que los seres humanos estemos más preparados que nunca para afrontar con éxito la virtualidad de nuestra existencia y parainiciar una nueva forma de búsqueda de la verdad. Y, quizás, con esta nueva visión aplicada a la película de nuestra vida, hasta consigamos liberarnos de la matriz que supuestamente nos tiene atrapados en la ilusión. PELIGROS >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> Los peligros derivados del virtualismo son imprevisibles, no tenemos ejemplos semejantes en la Historia que nos ayuden a predecir qué nos deparará esta revolución tecnológico cultural. Nunca la Humanidad ha vivido nada parecido, por lo que nos va a resultar muy difícil predecir qué peligros esconde su proceso evolutivo en nuestra sociedad. Si analizamos las dos vertientes del virtualismo, en una de ellas podemos observar los riesgos derivados de las nuevas tecnologías dedicadas a sumergirnos en la virtualidad informática. Ya son muchas las personas que se preguntan si las nuevas tecnologías no estarán difuminando peligrosamente los límites entre la realidad y la ficción. Peligros que podrán ser mayores a medida que vayan perfeccionándose los sistemas de inmersión en las realidades virtuales. Recuerdo que en una ocasión, en una de esas máquinas que hay en las salas de recreo juvenil, me puse a los mandos de un Ferrari virtual frente a una gran pantalla, con gran profusión de sonidos y de movimientos del asiento acordes con las escenas que aparecían delante de mí. El programa del videojuego me exigió correr en una competición. Carrera que en la que no conseguí premio alguno, ya que no pude centrarme en competir, pues todo mi esfuerzo se centró en intentar mantener aquel peligroso vehículo dentro de la carretera. A pesar de que apenas pisaba el acelerador, aquel coche virtual corría como el demonio, en un circuito en el que las rectas brillaban por su ausencia. Tanto esfuerzo me costó mantenerlo sobre el asfalto que acabé sudando, mientras los chavales que me observaban se reían de mi torpeza como piloto de carreras y de mi excesiva tensión frente a lo que era un simple juego. En este caso, mi mente, debido al elevado grado de realidad que ya pueden inducir los videojuegos, y a mi falta de costumbre en esta moderna forma de jugar, actuaba como si yo realmente estuviera metido en un coche en una prueba contrarreloj. De alguna forma, mi cerebro, acostumbrado a conducir en realidad, pensaba que lo que sucedía en aquellos momentos también era real. Y, ahora, cabe preguntarse si no puede suceder algo semejante a la inversa. Si cuando un joven, acostumbrado desde la infancia a los videojuegos de carreras de deportivos, coja un coche de verdad, su mente no lo interpretará como si estuviera jugando, no dándole importancia alguna a la posibilidad de dar un montón de vueltas de campana;final del juego que en la virtualidad solamente significa poder volver a jugar, pero que en la realidad material significa acabar en una silla de ruedas de por vida, o algo peor. Ya se están dando otros casos en los que los jóvenes llegan a comportarse como sus héroes guerreros virtuales, actuando tan agresivamente como ellos, incurriendo en delitos o asesinatos. Los legisladores de algunos países, al darse cuenta de estos peligros, intentan limitar la edad de acceso a los videojuegos violentos. Otro de los peligros que pueden deparar los modernos sistemas de inmersión en realidades virtuales es la excesiva descorporeización, la desconexión de nuestra realidad, incluso de nuestro propio cuerpo; la posibilidad de quedarse “colgado” en los ciberespacios. Previendo esta posibilidad, se aconseja no permanecer demasiado tiempo sumergido en una realidad virtual. Veremos qué sucede a medida que se vayan perfeccionando los sistemas de inmersión y la calidad tridimensional de los ciberespacios. La otra vertiente del virtualismo, la que expone la posibilidad de que nuestro mundo pueda ser una realidad virtual, todavía no ha dado indicios de que pueda resultar peligrosa; quizás porque no se ha extendido su idea por la sociedad ni se ha profundizado en ella. Pero tal visión de la existencia es probable que cree ciertos problemas, precisamente existenciales, cuando se empiece a tomar en serio. Por esta razón, conviene advertir que puede suponer un riesgo la lectura de este libro, donde nos tomamos en serio el virtualismo. Aquí, al realizar un análisis de la revolución cultural que se nos avecina, nos estamos adelantando a los acontecimientos. Usted, en este momento, amable lector, va a ser de los primeros en experimentar los cambios que posiblemente el virtualismo provocará en la población dentro de varios años. Si desea arriesgarse, puede acompañarnos en la aventura que nos hemos propuesto; si no lo desea, abandone la lectura de estas páginas, y espere a que el virtualismo vaya invadiendo nuestra sociedad y le pille por sorpresa. Si siente curiosidad y temor al mismo tiempo, yo le aconsejaría que leyera los contenidos de las secciones poco a poco, digiriendo la lectura. Y si siente alguna perturbación, molestia o vértigo, abandone nuestras páginas y vuelva a ellas cuando se sienta bien y con nuevas ganas de saber más sobre el virtualismo. Personalmente, no creo que la revolución que se nos avecina nos haga correr más peligros que los que ya estamos corriendo en nuestro vivir cotidiano. Muy a menudo las grandes revoluciones culturales despiertan más temores por miedo a los grandes cambios que por los peligros que la revolución encierra en sí misma. La mente humana es muy temerosa ante lo desconocido. La ciencia-ficción, como acabamos de comprobar en los capítulos anteriores, se llena de terroríficas expectativas de futuro ante los cambios sociales o tecnológicos. Y no nos olvidemos de los agoreros voceras apocalípticos, que aprovechan cualquier cambio social para insinuar que es una señal del final de los tiempos. Seguro que el virtualismo no va a ser ignorado por ellos. Aunque para los estudiosos de nuestra hipótesis no dejará de tener cierta gracia tanto aspaviento amenazante apocalíptico a lo largo de los tiempos, ya que no deja de ser irónico predecir el final de un mundo que, según nuestro supuesto, es muy probable que ni siquiera exista. El virtualismo, en vez de crear nuevos peligros, es posible que lo que mejor haga es descubrirnos aquellos escondidos en nuestra existencia, como, por ejemplo, cuando nos insinúa que estamos atrapados en un sueño y nos hemos olvidado que estamos dormidos. La lucidez intelectual ante las grandes revoluciones culturales es el mejor antídoto contra los fantasmas del miedo. La crisis cultural que se nos viene encima no tiene por qué ser aterradora. El grado evolutivo de nuestra inteligencia ya permite encauzar los grandes cambios sociales por sendas iluminadas, exentas de fantasmas y de demonios, principalmente religiosos. Vamos a intentar tener una visión luminosa del virtualismo que nos permita ver los peligros reales y desechar los imaginarios. Aunque reconocemos que es un empeño un poco difícil de conseguir, porque todavía no sabemos muy bien qué es la realidad. CIENCIAS >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> Vamos a continuar realizando un análisis de diversas ciencias bajo la nueva visión cultural. El rigor científico nos será muy útil para desarrollar una hipótesis que puede dar cabida a multitud de efímeras especulaciones. Aunque los cimientos de tal rigor pueden ser zarandeados por la nueva visión de nuestra realidad, ya que, si el virtualismo prospera, habrá que cambiar de raíz toda concepción científica. FÍSICA El más importante veredicto científico para la demostración del virtualismo lo tendrá que dar la reina de las ciencias: la física. Ella es quien precisamente estudia la materia, sustancia esencial de nuestra realidad, y elemento supuestamente virtual según la hipótesis que estamos estudiando. Suposición nada descabellada, pues los físicos no saben todavía a ciencia cierta que es en esencia la materia, no han sido capaces de encontrar los ladrillos de los que nuestra realidad física está hecha. Los enormes aceleradores de partículas, destinados a estudiar las profundidades del átomo, están gobernados por potentes ordenadores que captan a través de sus sensores lo que sucede en el interior de las cámaras de burbujas, lugar donde se estrellan las partículas subatómicas entre sí, con la intención de conseguir trocitos más pequeños de materia; pues bien, ya hemos conseguido en los colisionadores, a base de golpear y golpear a grandísimas velocidades las partículas subatómicas entre sí, unos trocitos de materia tan pequeños que muchos de ellos ya no podemos decir que sean de materia tal y como siempre la hemos conocido. Dichas partículas son fantasmagóricas en muchos casos, casi inexistentes, “virtuales”, sin masa, irreales para nuestra concepción de la realidad, en muchos casos puntos matemáticos, números cuánticos. Muchos de los físicos buscadores de la esencia constituyente de la materia desesperan ante tanta búsqueda frustrada, esa partícula elemental de materia no termina de encontrarse, solamente tenemos números y más números: matemáticas. Los americanos en el Fermilab y los europeos en el CERN, los dos aceleradores de partículas más importantes del mundo, han emprendido una carrera competitiva en busca de esa partícula esencia de la materia, (búsqueda que por cierto nos está costando a los contribuyentes gran cantidad de dinero debido a los elevados presupuestos de estos dos grandes súper colisionadores). Parece ser que existe un campo, llamado de Higgs, importante responsable en la creación de la materia, que supuestamente esconde una partícula esencial, buscada por los físicos desde hace varios años en las cámaras de burbujas de los aceleradores, sin que todavía se haya encontrado. El virtualismo puede añadir a esta compleja búsqueda que quizás esa partícula primordial, ese campo creador de la materia, no sea una partícula en sí, sino una sencilla formula ―semejante al comando de un programa de ordenador― que genera materia virtual para un universo virtual. Por esta razón, si nuestro supuesto es cierto, si nuestra realidad es una realidad virtual, los científicos ya pueden gritar ¡eureka!Porque probablemente ya hayan encontrado la esencia de la materia: “las matemáticas”. La partícula de Higgs es posible que no sea una partícula en sí, sino un campo cargado de voluntad de crear materia, una fórmula primigenia que inicia la existencia de una materia virtual en una realidad virtual. Partículas de materia virtual que continuarán gobernadas por las matemáticas, combinándose para crear átomos y moléculas, hasta crear el complejo universo donde vivimos. Todavía no se ha definido qué es exactamente la materia en esencia. El virtualismo puede añadir la posibilidad de que sea una fórmula matemática. El elemento más real de cualquier realidad virtual son las matemáticas que la rigen. En una realidad virtual no existe materia alguna, podemos tener sensaciones de materialidad si nos sumergimos en ella, pero la materia en sí no existe, es una pura ilusión matemática. En la moderna teoría de las cuerdas tenemos una importante evidencia de lo que estamos diciendo. Algunos físicos-matemáticos nos están presentando un modelo matemático de lo que pudiera ser la base de nuestra realidad, compuesto por unas cuerdas de pequeñísima longitud, pero sin grosor alguno; es decir: por unas cuerdas virtuales, esencialmente matemáticas. Cada partícula elemental de materia estaría formada por una determinada vibración de dichas cuerdas, que dicho sea de paso vibran en nueve dimensiones. Tales físicos persiguen conseguir de esta manera una teoría del todo, que explicara matemáticamente la esencia de toda forma de materia y de toda ley que la gobierna. Y, como sucede con la partícula de Higgs, también esperan poder observar en el futuro alguna de dichas cuerdas. Aunque es muy posible que nos tengamos que conformar con la evidencia de que existen, pues la teoría de las cuerdas es muy probable que nos esté definiendo las vibraciones básicas de nuestra realidad física, semejantes a las vibraciones básicas de los bytes de un ordenador en el que se esté generando una realidad virtual. Vibraciones digitales, compuestas por la combinación de los bits, imposible de ser observadas desde el interior de un ciberespacio, a pesar de que sean las responsables de su existencia. Si estamos en lo cierto, de la misma forma que no podemos observar un byte de un ordenador desde el interior de una realidad virtual generada por él, tampoco podremos observar una cuerda desde el interior de ésta nuestra realidad supuestamente virtual. Nos tendremos que conformar con haberlas descubierto, con haberlas intuido, con presentir sus vibraciones; todo un logro científico, aunque nos parezca insuficiente. No cabe duda de que la teoría de las cuerdas es la aportación de la física más importante a la hipótesis de que nuestra realidad sea virtual. Pero, aun así, puede continuar siendo difícil imaginar tal posibilidad. El hombre siempre ha sido reacio a cuestionar su habitual concepción de la realidad. Es una molestia, intolerable en ocasiones, poner en duda las tradicionales creencias sobre nuestra existencia. A los científicos les costó siglos de arduos esfuerzos demostrar que muchas de las creencias religiosas eran engañosas; pero al final lo consiguieron, y las sociedades occidentales cambiaron su concepción de la realidad religiosa por una concepción científica de la realidad. Sin embargo, las ciencias, especialmente la Física, en su imparable evolución, ya se han demostrado a sí mismas que la típica concepción de la realidad científica, que tantos siglos les costó imponer en la sociedad, es también otra ilusión. Pero en esta ocasión la comunidad científica calla. Supongo porque por un lado no querrán echarse piedras sobre su tejado, y, por otro lado, porque no tienen otra visión científica “sólida” de nuestra realidad que ofrecernos, ya sea porque no han encontrado una unificación de la física, o porque lo que han encontrado es demasiado complicado de entender para el ciudadano medio. Sin embargo, ahora, con la llegada del virtualismo, y con su extensión a un nivel popular, es posible que la nueva física se empiece a entender mucho mejor. La sospecha de que nos podamos encontrar inmersos en una realidad virtual encaja con la sensación de desmaterialización de la materia que la nueva física está obteniendo en sus investigaciones. Ya no tiene porqué ser impopular la física de partículas porque esté dejando de ser física a medida que se va convirtiendo en matemáticas. Bajo nuestro supuesto la física no existe, es pura matemática aplicada para producir la sensación virtual de un mundo físico. Quizás muy pronto los físicos nucleares, ayudados por el virtualismo, puedan abandonar la infructuosa búsqueda de esa partícula primordial de materia sólida, acaben reconociendo que tal solidez no existe sino en nuestra mente, y lleguen a la conclusión de que los átomos están formados por partículas que no existen como materia sólida, sino como puras matemáticas, la realidad más sustancial de toda realidad virtual. Y si no deseamos ponernos a estudiar las complicadas investigaciones, que se están realizando en los modernos súper colisionadores, para llegar a sospechar que nuestro mundo no es tan real como nos parece, la física que nos enseñaron en las escuelas también puede ayudarnos en nuestro empeño. La doble condición de partícula y onda de los fotones, que aprendimos en las escuelas, ya nos demuestra que la materia puede ser una vibración electromagnética. A la comunidad científica le costó admitir tal hecho, durante años estuvieron debatiendo si los rayos de luz estaban compuestos de partículas o de ondas; hasta que, contra toda lógica, tuvieron que admitir la doble naturaleza de la luz. Una concepción que empezó a desmaterializar nuestro concepto habitual de materia. Eisntein, con su teoría de la relatividad también dio un varapalo a la solidez de nuestro mundo material. Los sólidos cuerpos materiales, si eran sometidos a altas velocidades, cambiaban de tamaño, de peso, e incluso de tiempo. Las inamovibles dimensiones de la materia resultaron no ser tan inamovibles: un metro sometido a grandes velocidades se hace más corto, un kilo de materia se hace más pesado, y un segundo pasa más deprisa. Otra bomba que hizo temblar nuestra concepción de la realidad fue la aparición en escena de la antimateria. Parece ser que para todo tipo de partícula de materia existe otra antipartícula, de tal forma que en el caso de encontrarse ambas se desintegran, desaparecen como por arte de magia. Esto es algo que sucede muy a menudo en las cámaras de burbujas de los grandes aceleradores. ¿Necesitamos más evidencias para sospechar que nuestro mundo pueda ser virtual?Pues sí, las necesitamos. No basta saber que si los átomos están constituidos por partículas virtuales, el resto de nuestro mundo constituido por átomos también es virtual. Nuestra sólida concepción de la realidad es tan tenaz que no termina de convencernos la idea de que pueda ser una ilusión aunque tengamos delante de las narices las pruebas suficientes para convencernos. Por esta razón hemos de continuar investigando, dudando de todo aquello sobre nuestro mundo físico que siempre hemos considerado como real. ¿Por qué aquella manzana cayendo del árbol, que inspiró a Newton las leyes de la gravitación universal, cayó con la misma aceleración que caen todos los cuerpos?Las leyes de la física, como otras leyes de la Naturaleza, son consideradas algo evidente, son leyes naturales, divinas para los creyentes, en las que creemos porque así lo vemos, porque las comprobamos tantas veces como las ponemos a prueba. Pero ¿Quién o qué ha puesto esas leyes ahí?¿Qué las mantiene inamovibles?¿Cómo se mantienen tan estables?¿Por qué la manzana siempre cae con una aceleración y no con otra?¿Por qué al final es siempre un número el que manda?¿Es que acaso nuestra realidad es una realidad virtual que responde a unas órdenes matemáticas programadas de antemano? Una vez se empieza a pensar en la posibilidad de que nuestro mundo pudiera ser virtual, no dejan de aparecer evidencias de que pudiera ser cierto. Incluso en el sólido mundo de la materia, siempre acabamos encontrando que tras toda realidad física se encuentra una realidad matemática gobernándola,unos comandos, una programación donde se asienta nuestra realidad, un control matemático, tan similar al que controla una realidad virtual generada en el ordenador, que no nos queda otro remedio que sospechar que nuestro mundo bien pudiera ser otra realidad virtual. QUÍMICA Si ya hemos observado que las partículas elementales de materia bien pueden ser partículas virtuales, es evidente que los átomos también pueden ser corpúsculos virtuales de materia, pues están formados por dichas partículas. Suposición que, si algún día se llegara a confirmar, nos demostraría a su vez que todo nuestro mundo ―hecho de materia compuesta por átomos― es un mundo virtual. Si unas partículas ―de dudosa materialidad― componen a los átomos, y son éstos los que forman moléculas, y son éstas las que uniéndose crean los diferentes materiales inorgánicos o tejidos orgánicos que existen en nuestro mundo, es evidente que toda nuestra realidad física tiene muchas probabilidades de que pueda ser una ilusión. Un mundo ―el nuestro― que además funciona a golpe de matemáticas, como lo hace un mundo virtual generado en un ordenador. Las leyes de la Naturaleza son contundentes órdenes de programación que combinan las partículas subatómicas para formar átomos; y, después, las mismas matemáticas de la Naturaleza controlan la combinación de átomos para crear las diferentes moléculas; y, a su vez, otros comandos controlan los complejos procesos combinatorios entre éstas. Sucediendo todo de forma tan semejante a como podría suceder en el interior de un ordenador, en el cual se generase una realidad virtual, que todo parece indicar que nuestra realidad se haya creado de forma similar. La química es un importante eslabón entre la física atómica y los diversos cuerpos. Una zona intermedia donde esta ciencia ha descubierto el impresionante control matemático que ejercen las leyes naturales sobre los átomos y las sustancias. La física y la química son dos ciencias descubridoras de gran parte de las matemáticas que gobiernan nuestro mundo, descubridoras de gran parte del programa matemático que mantiene nuestra realidad en funcionamiento. Pero la importancia de la química para el virtualismo no acaba aquí. En algunas de sus ramas, esta ciencia estudia otro aspecto muy importante de la vida, y primordial para determinar si vivimos o no en una realidad virtual. Si toda la materia de nuestro mundo es virtual, nuestro amado cuerpo de carne y hueso ―hecho de materia― también lo es. Digamos que el inmenso programa, que controla la vida en este mundo, ha creado un sofisticado cuerpo virtual compuesto principalmente de robótica química, donde nuestra conciencia se sumerge obteniendo grandes sensaciones de realidad de un mundo irreal. Si llegamos a entender esta posibilidad, comprenderemos que es a través de la química como nos asomamos a nuestra supuesta realidad virtual. Los sentidos de nuestro cuerpo son esas ventanas que nos asoman al mundo exterior y a nuestro interior, órganos de percepción primordialmente químicos. Ventanas que nos asoman al universo virtual en el que nos hayamos supuestamente sumergidos, con tal grado de perfección que nos hacen percibir la ilusión como real. Las percepciones y sensaciones de realidad de nuestra existencia son esencialmente químicas, ya sea debido a las reacciones químicas que suceden en nuestros órganos sensoriales o a las que suceden en el interior de nuestro cerebro. Quizás no hayamos encontrado demasiada resistencia para aceptar que las partículas subatómicas puedan ser virtuales, pero, llegados a este punto, es muy probable que nos cueste más aceptar que los átomos, y sobre todo las moléculas, puedan serlo; pues nuestro propio cuerpo está formado por ellas. Es tan elevado el grado de realismo con el que nos sentimos de carne y hueso que probablemente pueda resultar muy difícil concebirnos compuestos de materiales virtuales. Pero, si hemos de continuar desarrollando nuestra hipótesis, tendremos que hacer de tripas corazón, y contemplar la suposición de vivir en un cuerpo virtual, hecho de química virtual. Una química que, además de servirnos de hábitat, nos sirven para percibir la realidad. Nuestra hipótesis nos muestra a nuestro cuerpo como una sofisticada máquina virtual en la que nos hemos imbuido, con una robótica química fundamental para su funcionamiento, que a su vez influye directamente en nuestra conciencia. Muchos de los procesos químicos que suceden en nuestro cuerpo influyen en nuestras sensaciones, comportamientos, e incluso en las percepciones de nuestros cinco sentidos. Y todavía el estudio de la química nos puede ayudar a ir más allá en nuestras indagaciones, pues es sabido que la robótica química de nuestro cuerpo no es tan estable como en el resto de los seres vivos, sufre muchas más variaciones extraordinarias. Un cuerpo virtual, de una realidad virtual generada en un ordenador, no tiene porque sufrir zarandeos en su composición interna de bits durante su funcionamiento. De hecho, los seres vivos sencillos se comportan como auténticos robots, en ellos se puede apreciar claramente su inalterable programación de vida. Pero a medida que la vida se hace más compleja, especialmente en los seres humanos, se aprecia un aumento del grado de conciencia y como éste influye muy directamente en la química corporal. Los seres humanos, somos los robots de químicos más extraordinarios que ha creado la Naturaleza, capacitados para contener un alto grado de conciencia, pero, a su vez, afectados por dicha conciencia. Por un lado vivimos las reacciones químicas automáticas de la típica programación animal, y, por otro lado, nuestro cuerpo sufre otras variaciones químicas provocadas por nuestras reacciones psíquicas. Lo que nos lleva a sospechar que la virtualidad de nuestro cuerpo y de nuestra realidad bien podría estar creada en un campo psíquico, en materia mental, en una especie de sueño como veremos más adelante. Probablemente nuestra mente puede alterar con suma facilidad la realidad de nuestro cuerpo porque esa realidad es también mental. Alteraciones que también pueden ser producidas por nuestra voluntad, por nuestras acciones. La cultura, nuestra visión de la vida, o nuestros traumas psicológicos, pueden alterar el automatismo de la química de nuestro cuerpo; pero también se puede alterar ―por ejemplo― añadiéndole las pócimas o medicinas que siempre ha ingerido el hombre, o las drogas que nunca han faltado en cualquier civilización. La drogadicción, para el virtualismo, es una gran evidencia de cómo el ser humano siempre ha intentado cambiar el sueño de su vida, ingiriendo sustancias que alteran sus estados de conciencia, sus percepciones de la realidad, a pesar de que tales manipulaciones de su química interna le cause graves daños en su cuerpo, irreparables en ocasiones. Bajo el prisma del virtualismo quizás algún día podamos comprender mejor el fenómeno de la drogadicción. Aunque primero tendremos que conocer cómo nos sumergimos en nuestra realidad cotidiana a través de la química, para después comprender cómo también a través de ella se puede cambiar la percepción de dicha realidad. BIOLOGÍA Los últimos avances en genética nos están descubriendo los procesos de datos que gobiernan la biología de los seres vivos. Estamos empezando a saber cómo funciona el ordenador interior que cada forma de vida alberga, descifrando poco a poco el programa de control biológico que reside en el ADN, memoria molecular que se “copia” incesantemente en las pautas reproductoras. La idea de que toda forma de vida ―incluida la humana― es mecánica, robótica, ha cobrado una fuerza inusitada en los últimos tiempos. Los biólogos están entusiasmados, descifrando las matemáticas de la vida. Nunca como ahora ha cobrado tanta fuerza la idea de que los seres vivos somos máquinas, robots biológicos. Estamos viviendo momentos semejantes a los vividos cuando Darwin expuso su teoría sobre la evolución de las especies. La comunidad científica celebra otra victoria sobre el misticismo. El comportamiento mecánico de la vida descubierto tira por tierra muchos de los conceptos religiosos sobre la creación. Ahora sólo nos queda esperar a que pasen las celebraciones de la nueva victoria, para sopesar tranquilamente lo que realmente se ha descubierto y todo lo que todavía nos queda por descubrir. Pues ni las teorías evolucionistas ni las matemáticas de la genética nos dicen cómo se originó la vida en esa hipotética sopa prebiótica hace millones de años. No sabemos cómo ni por qué las moléculas se juntaron para formar los primeros organismos unicelulares o multicelulares. Tenemos abundante información sobre la vida, pero no sabemos cómo apareció en la Tierra. Conocemos las leyes de la vida y los materiales de los que está compuesta, pero no sabemos hacer vida con ellos. Lo que nos hace sospechar que la vida es algo más que su química y su matemática genética. Si damos por cierto que nuestra realidad es virtual, la biología estaría estudiando la estructura y funcionamiento de los cuerpos virtuales que consideramos vivos, de la misma forma que alguien sumergido en una realidad virtual, generada por ordenador, se pusiera a estudiar los cuerpos del ciberespacio. En ambos casos se descubrirían los materiales virtuales que formarían los cuerpos y las matemáticas que los rigen; pero, si se obviara la virtualidad, si se ignorara la existencia del programa central que gobierna a toda realidad virtual, entonces se ignoraría algo esencial, y los investigadores no tendrían una visión objetiva de sus descubrimientos, llegando cada uno a tener su visión subjetiva particular, según la zona de la realidad virtual estudiada por cada uno de ellos. Es muy probable que algo semejante ya nos esté sucediendo en la realidad, pues cada rama de la biología tiene su forma de definir la vida, sin llegar a un acuerdo. Así como cada rama de la química nos da su versión especial sobre las causas que obligan a los átomos a unirse para convertirse en moléculas. Resulta obvio que falta algo esencial en las ciencias que unifique los descubrimientos y que explique el origen de las leyes de la Naturaleza, pues estamos tan deslumbrados por ellas, por su descubrimiento, que muy pocos se preguntan de donde proceden. La hipótesis de que podamos encontrarnos en una realidad virtual nos indica el camino a seguir para descubrir el origen de las leyes naturales, y, evidentemente, de las leyes de la vida. El virtualismo nos sugiere la existencia de un programa general que controla nuestra realidad, probablemente formado por varios programas ensamblados entre sí. Uno de ellos sería el que gobernara a los seres vivos, encargado de ordenar a la materia inorgánica para que formara cuerpos, los cuales acabarían convirtiéndose en organismos vivos gracias a su dinámica de programación. El virtualismo nos indica que no vamos a encontrar en los seres vivos todas las respuestas sobre al vida. Los impresionantes bancos de memorias encontrados en los cromosomas contienen importantes instrucciones sobre los seres vivos, pero, probablemente, les falten otras esenciales. No parece que pueda ser cierto que en el ADN de unas células madres se encuentren las órdenes que crean a un ser vivo a partir de un embrión. La creación de la multitud de células tan diferentes que forman a los mamíferos ―por ejemplo―, su ubicación exacta en la formación de los cuerpos, y su funcionamiento correcto y coordinado, son unos hechos que, a pesar de ser mecánicos, repetitivos generación tras generación, corresponden a una programación tan complicada que resulta muy atrevido pensar que pueda encontrarse exclusivamente en ADN. Y aunque llegáramos a pensar que en los genes se encuentra todo el programa que rige la vida, siempre nos quedaría por responder cómo se han programado. Para el virtualismo es evidente que la ubicación del programa de la vida no se encuentra en los seres vivos. Las leyes de la Naturaleza no residen ni en la materia ni en la vida, aunque sean gobernadas por dichas leyes. Si el virtualismo prospera, es muy posible que nos ayude a completar los planos de la robótica de la vida, mostrándonos que todos los seres vivos somos robots biológicos, robots virtuales; pero dotados de conciencia, especialmente en el caso de la especie humana. Cualidad del soporte mental que ―como ya hemos comentado― probablemente sustente el ciberespacio de nuestro universo, cualidad de la mente colectiva que sueña nuestra realidad. Siendo los seres humanos los robots virtuales que más conciencia podemos admitir, inteligencia que quizás algún día nos permita descubrir todas las leyes que rigen la existencia de la vida, de nuestro propio sueño, al que llamamos realidad. MATEMÁTICAS Como ya hemos observado, las matemáticas son otra de las cuestiones que nos invitan a sospechar que nos encontramos inmersos en una realidad virtual. No conocemos la forma en que la Naturaleza aplica sus leyes para ordenar las partículas primigenias subatómicas y crear el mundo en el que vivimos, pero sabemos que lo hace a golpe de órdenes matemáticas, como lo hace un programa de realidad virtual que ordena los bits de la informática para crear ciberespacios. Por supuesto que tal comparación no podemos realizarla adecuadamente. Los mundos virtuales generados en los ordenadores los conocemos mejor que el mundo físico porque los hemos construido nosotros; podemos vivirlos desde dentro y observar cómo funcionan desde fuera, podemos conocer su interior sumergiéndonos en ellos mediante la tecnología de realidad virtual, y también podemos conocer su estructura científica y su funcionamiento. Pero a nuestro universo no podemos observarlo desde afuera, únicamente lo conocemos desde dentro; apenas sabemos nada de la estructura que lo sostiene. Estado de ignorancia comprensible para el virtualismo, pues es muy difícil, por no decir imposible, descubrir los entresijos que soportan una realidad virtual conociéndola únicamente desde dentro. Si a una persona inexperta en informática le sugerimos que intente deducir cómo funciona una realidad virtual, y para ello la sumergimos en ella, ocultándole la tecnología y los programas que son necesarios para que todo funcione, no tendrá apenas posibilidades de que pueda hacerse ni una pequeña idea de cómo funciona todo aquello, aunque le permitamos tomarse el tiempo que quiera. Quizás sea por la misma causa por lo que los seres humanos llevamos miles de años viviendo en el interior de ésta, nuestra realidad, y todavía no sabemos a ciencia cierta cómo funciona. No conocemos el soporte que la mantiene funcionando, así como tampoco conocemos en su totalidad el programa que la gobierna. Y digo en su totalidad porque algo ya hemos descubierto, algunas partes de dicho programa ya las conocemos, son retazos de programación, códigos matemáticos, que hemos dado en llamar leyes de la Naturaleza. De hecho, conocemos mucho mejor las matemáticas que gobiernan nuestra realidad que el soporte que la sustenta y como las aplica. Descubrimientos que se los debemos a las generaciones de científicos que llevan siglos realizando ese trabajo, devanándose los sesos para descubrir las leyes de la Naturaleza. Galileo declaró hace cuatro siglos que el libro de la Naturaleza estaba escrito en un lenguaje matemático. Y desde entonces las ciencias no han cesado de descubrir las fórmulas que gobiernan nuestro mundo. Gracias a los científicos conocemos muchos comandos de programación, incluso algunos parecen encajar en diagramas de flujo, como en los programas de ordenador. Las matemáticas gobiernan las partículas subatómicas para llegar a formar los átomos, y a su vez éstos se combinan bajo severas leyes para formar moléculas, y a su vez algunas moléculas se vuelven a recombinar bajo exactas leyes de la Naturaleza para formar vida; y en el comportamiento de los seres vivos también podemos observar pautas instintivas que parecen seguir severas imposiciones de ciertas leyes naturales. Las matemáticas fueron esenciales en la construcción de nuestro mundo, y son esenciales para su funcionamiento, tal y como sucede en un mundo virtual generado por ordenador. En una realidad virtual son las matemáticas quienes mandan, los elementos que en ella se mueven lo hacen siguiendo estrictamente lo programado de antemano. Y lo que hemos dado en llamar las leyes de la Naturaleza es lo que manda en nuestro mundo, supuesta realidad virtual según la hipótesis que estamos estudiando. Suponer que nos encontramos inmensos en una gran realidad virtual hace comprensible y lógica la existencia de las leyes de la Naturaleza. Y, viceversa, tales leyes nos sugieren la posibilidad de que nos encontremos inmersos en una realidad virtual, pues actúan sobre la materia de nuestro mundo de la misma forma que los comandos informáticos actúan sobre la materia digital de una realidad virtual generada en un ordenador. Por supuesto que nos quedan muchas leyes naturales todavía por descubrir, y llevará su tiempo completar el programa matemático que gobierna nuestra supuesta realidad virtual. Los físicos, en la dimensión que estudian, ya lo están intentando en su anhelada búsqueda de la gran unificación de la física. Esperemos que si el virtualismo se introduce en la comunidad científica sirva de ayuda para conseguir tal propósito. La hipótesis de que nuestra realidad pueda ser virtual puede ayudar a recomponer el esquema matemático de nuestro mundo, puede ayudar a descubrir el diagrama de flujo de la existencia, el programa completo que rige nuestra realidad. No pretendo que este artículo sobre las matemáticas, incluido en la sección científica, sea de ciencia-ficción, aunque dé la impresión de ser fantástico. Muy a menudo sucede que perdemos la capacidad de asombro ante nuestra cotidiana realidad. El minucioso análisis científico puede ayudarnos a recuperarla y a contemplar lo extraordinario de nuestra realidad más vulgar. Newton descubrió la ley de la gravedad observando la caída de una manzana, no había perdido su capacidad de asombro ante un suceso tan banal. Y, si newton viviese en la actualidad, es muy probable que todavía seguiría haciéndose más preguntas sobre tan vulgar acontecimiento, preguntándose por el origen de esa ley que hace caer a las manzanas siempre en la misma dirección y a la misma velocidad. Este artículo es una invitación a los matemáticos para que empiecen a pensar en la posibilidad de que vivimos en una realidad virtual. Y, bajo tal supuesto, intenten recomponer las fórmulas que crearon nuestro mundo y lo mantienen funcionando. Un interés por conocer los algoritmos que crean en los ordenadores los espacios tridimensionales y a sus personajes, puede servir de ayuda. Si nuestra hipótesis es acertada, habrán de ser los matemáticos quienes completen el programa que supuestamente mantiene nuestro mundo en funcionamiento. Un esfuerzo que puede parecer excesivo, mas si observamos el camino que ya hemos andado en ciencias exactas, no cabe duda de que los seres humanos tenemos una capacidad excepcional para las matemáticas. Más aún, si el mundo virtual en el que supuestamente vivimos se está generando en nuestra mente colectiva, es evidente que cada individuo, como proyección de tal inteligencia, tendrá sus propiedades, incluyendo sus facultades matemáticas. Nuestro supuesto nos indica que las matemáticas son una cualidad típicamente humana, que tenemos por naturaleza un espíritu eminentemente matemático, que somos matemáticos por naturaleza aunque no lo reconozcamos. Por lo tanto, no se trataría tanto de descubrir nuevas leyes de la Naturaleza, sino de recordarlas; pues nuestra mente, según nuestro supuesto, fue el artífice de la creación. ASTRONOMÍA Pudiera parecer que el virtualismo se va a derrumbar al enfrentarse con la realidad del universo, puede dar sensación de que nuestra hipótesis va a ser engullida por la inmensidad del cosmos; pero no tiene porque ser así, mas bien, es muy probable que suceda todo lo contrario. Si nuestra hipótesis tiene un mínimo de consistencia, si estamos considerando que vivimos en una realidad virtual, todo el cosmos ha de “caber” en dicho supuesto, aunque nos dé la sensación de que el inmenso espacio exterior no puede tener cabida en él. Llegados a este punto, el virtualismo comete uno de sus mayores atrevimientos al considerar el más inmenso portento de la creación como una ilusión de nuestra mente colectiva; por lo que a la mayoría de los astrónomos nuestra hipótesis les parecerá una curiosa teoría de ciencia-ficción, y puede que pasen bastantes años hasta que la empiecen a tomar en serio. Aunque un pequeño interés, por parte de los científicos de las estrellas, sobre la realidad virtual generada en los ordenadores, podría adelantar los acontecimientos, ya que solamente es necesario un pequeño esfuerzo para empezar a sospechar que vivimos en una realidad virtual. El estudio del universo ―como el de las partículas subatómicas― nos traslada a dimensiones irreales, virtuales en muchos casos, a cálculos matemáticos que encajan en el supuesto de que todo esté sucediendo en una realidad virtual. Tanto al observar lo inmensamente pequeño, como lo inmensamente grande, nos encontramos con los límites de nuestra realidad, y empezamos a percibir lo fantasmagórico de la materia, de nuestro mundo, y, como no, del universo. La exploración del cosmos nos ha llevado a encontrarnos con descubrimientos ―semejantes a los encontrados en la física cuántica― que no encajan en nuestra típica concepción de la realidad, pero que sí concuerdan con nuestra hipótesis. Existen muchos fenómenos en el universo que nos hace pensar en su virtualidad, como los agujeros negros, la curvatura del tiempo, el hecho de que el universo no parezca tener límites ni centro alguno, y, sobre todo, su proceso de creación; ya que el Big Bang se parece demasiado al inicio de un programa de ordenador. Como en cualquier otro ámbito de la Naturaleza, en el cosmos nos encontramos con precisas leyes matemáticas que, como comandos de programación, mantienen el universo en acción. La existencia de esas leyes por sí solas ―como venimos diciendo― ya justifica que se tome en serio la hipótesis de que toda nuestra realidad, incluido el cosmos, pueda ser una realidad virtual. Pero es que, además, el estudio del universo nos ha llevado a conocer su nacimiento, el principio de nuestra realidad, que se asemeja sorprendentemente al inicio de un programa de realidad virtual generado en una computadora. Los científicos han conseguido determinar cómo fue ese momento, ese segundo, en el que todo nuestro universo se formó. Instante que se ha dado en llamar gran explosión, el Big Bang, por su semejanza a un inmenso estallido. Pero quizás pronto se empiece a llamar de otra manera, “inicio del gran programa” o algo así, pues la creación del universo se parece más al arranque de un programa de ordenador que a una explosión. Una explosión no surge de la nada, tiene que haber un material explosivo, un algo que estallé, y todo parece indicar que el Big Bang surgió de la nada; pues los complejos cálculos matemáticos de los expertos nos dicen que si sumáramos todas las energías de universo nos daría cero; es decir: que si todo el universo se volviese a unir en un punto, como estaba antes del Big Bang, no quedaría nada. Tal y como sucede cuando se apaga el programa de un ordenador, no queda nada de la realidad virtual que en él se esté generando. También se está llegando a la conclusión de que de una típica explosión no ha podido surgir la estructura del universo. Es esta una cuestión que intriga a muchos científicos. El cosmos tiene un orden, una homogeneidad determinada, una armonía de la materia, una organización gravitatoria, que no ha podido surgir de un caos explosivo. Se ha llegado a la conclusión de que la súper explosión primigenia que creó el cosmos no fue una reacción incontrolada, sino una hecho calculado de antemano. Para que el universo haya surgido de semejante explosión tal y como es hoy en día, tuvo que ser programado para que así sucediera. Las leyes de la Naturaleza tuvieron que existir antes de que se creara la materia. Se hace evidente que antes de producirse el Big Bang ya debía de existir un programa que ordenara el universo tal y como ahora se encuentra ordenado. Algo que vuelve a justificar la sospecha de que el todo el cosmos sea una creación virtual que sigue las pautas de su programación desde el arranque su programa, tal y como sucede en un ordenador donde se genera una realidad virtual. Por lo tanto, en la inmensidad del cosmos también encontramos importantes evidencias de que podemos estar viviendo en una realidad virtual. Y es muy probable que cuanto más sepamos del universo ―como de las partículas subatómicas― más fuerza cobrará dicha evidencia. Pues ambas investigaciones alcanzan los límites de una realidad que, si ciertamente fuera real, no debiera de tenerlos. PSICOLOGÍA El hecho de suponer que nuestro universo es una realidad virtual, generada en un soporte mental, sitúa a la psicología en un lugar clave en la evolución del virtualismo. Si nuestra realidad es una ilusión de nuestra propia mente colectiva, un sueño, sobre la psicología recae el mayor peso de la investigación de los cimientos de nuestra existencia como seres humanos. Una responsabilidad que puede desbordar las tradicionales expectativas de estudio de nuestra mente. Divididos en varias ramas, los psicólogos no llegan a un acuerdo que defina la naturaleza de nuestra mente y nos aclare su funcionamiento. Dificultades y desavenencias que son hasta cierto punto lógicas para el virtualismo, pues es muy difícil estudiar una mente desde el interior de una ilusión generada por ella, especialmente si se desconoce o no se tiene en cuenta tal circunstancia. Pero, si empezamos a reconocer que nos podemos encontrar viviendo en una realidad virtual, a partir de ahí es posible que obtengamos mayores éxitos en el estudio de nuestra psique, aunque en un principio nos cueste concebir tal idea, o nos parezca imposible que toda nuestra realidad pueda ser una mera ilusión. La primera dificultad para que el virtualismo prospere en psicología se encuentra en concebir una entidad mental que sea capaz de soñar el universo en el que vivimos, y, por supuesto, capaz de soñarnos a todos nosotros. Una descomunal unificación mental todavía difícil de entender para muchas personas. Aunque poco a poco nos vamos acercando a imaginarla, gracias a que vamos descubriendo los vínculos unificadores entre ciertas partes que siempre hemos considerado independientes. Ya nos empezamos a preguntar ―por ejemplo― si el auténtico ser vivo es la hormiga o es el hormiguero, si es el árbol o es el bosque. Son las mentes individuales entidades completas en sí mismas ¿o son en realidad partes de una mente colectiva?Los seres humanos somos entidades individuales ¿o somos parte de una mente social, colectiva?Jung ya nos habló de la posible existencia de un inconsciente colectivo que nos une a todos. Y, si hemos llegado a vislumbrar que los individuos de una especie pueden tener una mente común, ¿no podríamos empezar a intuir que todas las mentes colectivas de las diferentes especies de seres vivos pueden estar unidas en otra mente de mayor envergadura?Y llegados a este punto ¿qué dificultad entraña concebir que todo lo que existe es parte de una enorme inteligencia? Darwin nos demostró que todos los seres vivos pertenecemos a una misma realidad en evolución constante, somos miembros de una misma familia, parientes, muy lejanos, pero parientes. ¿No es esa comunidad de seres vivos, evolucionando constantemente, una realidad anterior a la de cada ser individual?También se habla de que el planeta Tierra, Gaya, puede ser un gran ser vivo, del cual todos somos parte. ¿Cuesta mucho ahora pensar, si continuamos unificando, que el auténtico ser vivo sea todo el universo?¿Un enorme ciberespacio soñado por nuestra mente universal? Y, si especulando de esta forma todavía encontramos dificultades para tener una idea aproximada de la mente que puede soportarnos, debido a la inconcebible inmensidad mental que nos viene a la imaginación, pensemos que, si nuestras pequeñas mentes individuales son capaces de soñar cada noche diferentes mundos extraordinarios repletos de seres, la mente que supuestamente sueña nuestro universo no tiene por que ser tan inmensa como en un principio nos puede parecer. La psicología de la gestalt también nos acerca a intuir esta gran unificación. Si nos dice que las totalidades son previas a las partes que las componen, ¿no será toda nuestra realidad una gran gestalt, una gran totalidad organizada que condiciona tanto toda percepción como todo comportamiento? Y si también hemos descubierto que cada ser humano vive en cierta manera en un mundo que se ha creado él mismo. ¿Es muy arriesgado ahora suponer que todos vivimos en un mundo que hemos creado entre todos nosotros? Y, si todavía no podemos concebir tal posibilidad debido a que nos continúa desbordando la sensación de inmensidad, podemos recurrir a la realidad virtual generada en un ordenador, donde se están creando mundos virtuales extraordinarios en pequeñísimos chips, en los que podemos sumergirnos. ¿No queda ahora bien claro que nuestra mente es capaz de hacernos experimentar la ilusión de vivir una en una inmensidad creada en un pequeño soporte? El poder de ilusionismo de nuestra mente es enorme, capaz de mostrarnos una visión del mundo y de nosotros mismos engañosa. La teoría constructiva cognitiva nos dice que la percepción del mundo y de sus objetos es algo que construimos nosotros mediante complicados procesos mentales. Ya hemos descubierto en multitud de casos la subjetividad de nuestras percepciones. ¿Tendremos que esperar largos años de investigaciones para que acabemos descubriendo que el resto de percepciones que consideramos reales son también una ilusión?¿O podemos ya empezar a pensar, con un cierto margen de seguridad, que todo lo que nos rodea, incluidos nosotros, es una creación de nuestra mente? En fin, son muchos los argumentos de los que la psicología dispone para que nos empecemos a tomar en serio el soporte mental de nuestra realidad que propone el virtualismo. Unos argumentos que, aunque no sean científicos, crean un mapa de nuestra realidad mental ―en mi opinión― más completo que el resto de los mapas que disponemos. Ninguna de las diferentes ramas de la psicología ofrece una visión general satisfactoria de nuestra mente. Ninguna de las diferentes escuelas psicológicas, centradas cada una en un diferente aspecto de nuestra mente, nos ofrece una visión global de nuestra realidad mental que las unifique a todas ellas. A pesar de tratarse de importantes investigaciones, nos ofrecen visiones parciales de nuestra actividad mental. La visión general que propone el virtualismo puede empezar a conseguir que encajen las diversas piezas descubiertas por la psicología, y que hoy constituyen un auténtico rompecabezas sin resolver. Como sucede en otros ámbitos de estudio de nuestra realidad, falta en psicología una visión más completa de nuestra existencia, un supuesto que unifique sus diversas ramas de estudio, incluso aquellas que hasta ahora han sido irreconciliables; y que además nos ayude a explicarnos aquellos fenómenos mentales para los que todavía no hemos encontrado explicación. Es muy probable que el virtualismo pueda empezar a satisfacer tales expectativas, y su extraordinaria visión de la existencia acabe por imponerse en psicología. En el nuevo mapa de nuestra realidad mental, propuesto por el virtualismo, se aprecia una enorme capacidad para ubicar en su supuesto aquellos diversos fragmentos del funcionamiento de nuestra mente estudiados por las diversas escuelas psicológicas. El simple hecho de suponer que vivimos en una realidad virtual, generada en nuestra propia mente, es capaz de unificar teorías ya consolidadas sobre nuestra naturaleza mental, incluso aquellas que parecen ser incompatibles. El conductismo, por ejemplo, encaja muy bien en nuestro supuesto, pues todo personaje virtual se mueve por un estímulo-respuesta programado de antemano. Pero, al mismo tiempo, también cabe el humanismo y el existencialismo, pues la conciencia que se haya inmersa en la virtualidad es una entidad aparte del mecanicismo programado; una entidad de naturaleza libre, aunque se encuentre sumergida en la ilusión y zarandeada por los comandos programados de la realidad virtual. Otro conflicto que puede llegar a solucionar el virtualismo es el dualismo cuerpo-mente, ya que en un sueño todo es mente, incluido el cuerpo con el que nos identificamos. La psicología y la psiquiatría pueden a empezar a fundirse y a solucionar sus desavenencias. Estas dos ciencias siguen caminos en apariencia muy diferentes, pero nuestra tesis nos indica que no siguen rumbos muy distintos, pues nuestro cuerpo, según nuestro supuesto, seria una ilusión mental, una realidad sustentada por la mente que lo crea, imposible de desligarse de ella. De hecho, ya se sabe que la mente influye sobre el cuerpo y viceversa, pero todavía se desconoce cómo se realiza tal simbiosis; un misterio que puede empezar a esclarecer el virtualismo. Si damos por hecho que vivimos en un sueño, es absurdo hablar de entidades corporales independientes del sueño, pues en su interior todo es una creación onírica, virtual, incluidos los cuerpos individuales y sus correspondientes cerebros. De esta forma podemos ver que la actividad mental no reside exclusivamente en el cerebro, tal y como frecuentemente se cree. Según nuestro supuesto, éste sería un coordinador virtual de las actividades de los seres que consideramos vivos. En él no reside la mente en general, aunque es parte de ella. En él no reside el programa principal de la supuesta realidad virtual en la que vivimos, aunque es parte de dicho programa. Esta compleja globalización psicológica que realiza el virtualismo, aunque en un principio resulte difícil de comprender, puede ayudarnos a esclarecer grandes incógnitas. El hecho de que los cerebros de los seres vivos sean parte de la realidad virtual, en la que supuestamente nos encontramos inmersos, puede empezar a aclarar el mar de dudas que surge cuando intentamos saber cómo y dónde se realiza la actividad mental. La creencia de que en el cerebro reside toda la información que poseen los seres vivos no termina de convencer. Un cerebro es una página en blanco que va llenándose con la experiencia, pero hay cosas que los seres vivos saben sin haberlas aprendido, son aquellas que llamamos instintivas. Lo que hemos dado en llamar instinto es una forma de inteligencia que no se sabe a ciencia cierta de dónde viene, pero que tiene gran importancia para toda forma de vida, incluida la humana. El virtualismo puede ayudar a los psicólogos a encontrar explicación para los complejos comportamientos instintivos, pues el comportamiento de un ser virtual, no depende exclusivamente de su programa particular, sino de las órdenes que recibe del programa general. Por lo tanto, según nuestra hipótesis, las dudas sobre si el aprendizaje es innato o adquirido no tiene razón de ser, pues ambos sistemas de aprender a comportarse serían ciertos. Uno nos es dado a los seres vivos a través de los instintos, y el otro lo adquirimos a través de la educación y de la acumulación de experiencia. Uno es parte del programa general de realidad virtual que gobierna las diferentes formas de vida, y el otro es individual. Las principales pulsaciones psicológicas instintivas que gobiernan nuestra especie fueron descubiertas hace décadas por Sigmund Freud. El profundo análisis psicológico que realizó sobre nuestra mente nos mostró los principales instintos humanos que subyacen escondidos bajo las densas capas culturales de lo aprendido. El psicoanálisis nos revela el programa animal de nuestra especie, pero lo encontramos tan impregnado por otras pulsaciones psicológicas, típicamente humanas, que es muy difícil llegar a descifrar sus líneas de programación. Por esta razón, para descubrir con más facilidad las líneas del programa de nuestra supuesta realidad virtual que nos afectan a los seres vivos, probablemente deberíamos de prestar atención en primer lugar a las investigaciones que se realizan sobre el comportamiento animal, pues de esta forma podemos observar con más claridad el automatismo instintivo de la vida, y la evidencia de que las órdenes instintivas no provienen de los seres vivos en particular. Los sorprendentes descubrimientos que los etólogos están realizando, sobre el comportamiento de los animales, nos demuestran que la mayoría de los seres vivos son capaces de realizar complicadísimas operaciones con escaso o nulo aprendizaje previo. Portentos de la Naturaleza a los que no se encuentran explicaciones satisfactorias. Hechos que son un misterio porque ―en nuestra opinión― se buscan sus causas exclusivamente en los seres vivos en particular. Sin embargo, tales hechos pueden ser explicados por nuestra hipótesis, ya que encajan en el supuesto de que vivamos en una realidad virtual. Los comportamientos instintivos no parecen venir de los seres vivos en particular, sino de un programa ubicado fuera de ellos. Cada especie tiene su programa diferente de comportamiento, dentro de un programa común de fuerzas instintivas que afecta a todos los seres vivos. Un recorrido por los avances en vida artificial puede servir de ayuda a la etología para introducirse en el virtualismo. Son muy curiosas las coincidencias en el comportamiento de los animales virtuales, generados en los ordenadores, con los animales que consideramos reales. No obstante, a la hora de estudiar al ser humano en el marco de nuestro supuesto, como ya hemos dicho anteriormente, aumentan las dificultades para observar ese mecanicismo programado que con tanta claridad observamos en el reino animal. Los seres humanos, a pesar de vivir afectados por el programa de fuerzas instintivas común al resto de los animales, tenemos pautas de comportamiento típicamente humanas muy alejadas del comportamiento animal. Conductas difíciles de encajar incluso en un programa especial instintivo particular que supuestamente tiene nuestra especie, como lo tienen cada una del resto de las especies de los seres vivos. La totalidad de la conducta humana no encaja del todo en un mecanicismo programado, pues las personas somos, por un lado, robots biológicos, con el automatismo instintivo animal correspondiente, pero, por otro lado, nos sentimos espíritus libres, capaces de comportamientos extraordinarios, difíciles de explicar con cualquier programación de conducta. Esta extraordinaria circunstancia humana no encaja muy bien en aquellos supuestos psicológicos que nos consideran seres programados de antemano, pero sí cabe en nuestra hipótesis. Si nuestro mundo es una realidad virtual, por supuesto que será una realidad gobernada por las matemáticas, incluyendo a todos los seres virtuales que contenga. Pero recordemos que una realidad virtual es aquella que nos permite introducirnos en ella, y, por lo tanto, estará compuesta por dos elementos muy diferenciados: por su automatismo programado y por nosotros, por las matemáticas y por nuestra conciencia que se ha introducido en dicha realidad virtual. Y todo parece indicar que algo parecido sucede con los seres humanos. Somos por un lado animales, robots biológicos, pero por otro lado tenemos una conciencia muy especial, capaz incluso de revelarse contra las programaciones instintivas. Y esto es debido probablemente a que el cuerpo humano es capaz de acoger un gran porcentaje de aquella conciencia que precisamente nos está soñando. Si la psicología se toma en serio el virtualismo, tendrá que dividir sus fuerzas para estudiar nuestras dos dimensiones mentales más principales, una es la dimensión matemática que forma la realidad virtual de nuestro mundo, incluyendo nuestro cuerpo y nuestro cerebro, y la otra es la dimensión de la conciencia que lo habita, nuestra conciencia, una gran desconocida para la ciencia. Como podemos ver, el virtualismo ya se posiciona a favor de la existencia de la conciencia como una realidad humana incluso superior a la corporal. Este posicionamiento puede parecer extraño en un principio, pero de lo que estamos diciendo siempre hemos tenido un ejemplo en el mundo de los sueños. Cuando dormimos, nuestra conciencia sale del cuerpo y se va al mundo de los sueños, y, cuando despertamos, nuestra conciencia vuelve al cuerpo, a lo que consideramos real; aunque para el virtualismo solamente esté sucediendo un cambio de sueño. Pero está tan extendida la creencia en la realidad de nuestro mundo físico, y que los sueños son producidos por nuestro cerebro, que no se suele enfocar de esta forma la constitución de la mente humana. Sin embargo, en la actualidad, la tecnología digital nos está preparando para empezar a tomar más en serio la existencia de una conciencia independiente, pues ahora podemos realizar nuevos experimentos con ella que nos permitirán comprobar su independencia. La descorporeización, la salida de la conciencia del cuerpo al introducirnos en una realidad virtual, será cada vez más notable a medida que avance la tecnología informática, algo que podrá revolucionar a la psicología, pues pondrá de manifiesto que la conciencia es algo aparte de nuestro cerebro. Aunque no represente exactamente a nuestro mundo, la realidad virtual generada por ordenador nos permitirá sacar conclusiones extraordinarias sobre nuestra mente. La psicología cognitiva también puede recibir un importante impulso investigando nuestra hipótesis. Sus importantes trabajos basándose en la metáfora del ordenador llegaron hace unos años a un punto de estancamiento. Sin embargo, si ahora añaden a su metáfora digital la posibilidad de nuestro mundo sea una realidad virtual, y realizan con los ordenadores sus investigaciones en ese sentido, seguro que van a obtener resultados sorprendentes. Llevamos milenios especulando con la posibilidad de que la vida sea un sueño, sin embargo, ahora tenemos una valiosa oportunidad para comprobar si es cierto, pues disponemos de la experimentación en los laboratorios de realidad virtual. Es la primera vez que el hombre puede crear mundos virtuales a su antojo e introducirse en ellos a voluntad. Algo muy diferente a las inmersiones que cada noche realizamos en los sueños que tenemos mientras dormimos, muy diferente también de las fantasías espirituales o de los viajes esotéricos, o de aquellos provocados por alucinógenos, pues son estas inmersiones en otras formas de virtualidad mental imposibles de controlar científicamente y de realizar experimentos repetitivos con ellas. Los nuevos mundos generados en los ordenadores nos ofrecen la oportunidad de estudiar cómo se comporta la mente humana en ellos y la capacidad que tenemos los seres humanos de sumergirnos en las ilusiones y de creérnoslas. La psicología ya está siendo capaz de utilizar la realidad virtual para tratar fobias de pacientes, sumergiéndolos en mundos virtuales, dónde se simulan aquellas circunstancias que los atemorizan, con programas que los enfrentan con sus temores lentamente, al ritmo de su capacidad de superación de sus miedos. Unas terapias que están introduciendo los mundos virtuales creados en los ordenadores en los gabinetes psicológicos. Universos de irrealidad que cada vez se parecerán más al mundo que consideramos real, de tal forma que inevitablemente, y en consecuencia, se sospechará con más asiduidad que nuestro mundo puede ser otra realidad virtual. Donde presumiblemente manda un programa, como en una realidad virtual generada por ordenador, donde unos comandos crean la materia, otros crean la vida y su comportamiento, las pautas estímulo-respuesta, y los grandes instintos: sexo y violencia. Sobre la violencia existe un gran debate en psicología semejante al que existe sobre otros tipos de comportamiento. Las corrientes más importantes afirman que la violencia puede ser innata, genética o adquirida. Tres formas de explicar el comportamiento violento distintas que tienen cabida en nuestro supuesto. Según nuestra tesis, los impulsos agresivos, como los sexuales, no nacen propiamente de los seres vivos, sino del programa general que rige sus vidas; aunque después en cada especie o individuo tales impulsos sean potenciados o reprimidos por una herencia genética, o canalizados en una dirección u otra por el aprendizaje. Para el virtualismo la violencia no nace de los individuos, es una pulsación psicología natural y principal en la vida de nuestro mundo, como lo es el sexo. Dos fuerzas principales que mantienen el juego de la vida en nuestro mundo, el videojuego psicológico que posiblemente estamos viviendo, donde la violencia instintiva es la causa primordial que nos impulsa a jugar los viejos juegos de guerra que los humanos estamos sufriendo desde que existimos. Si el virtualismo está en lo cierto, si descubrimos que el origen de la ira se encuentra en nuestra mente colectiva, programada para la agresividad, es posible que empecemos a comprender el origen de uno de nuestros grandes males, y quizás hasta podamos empezar a solucionarlo. Porque si descubrimos que en realidad somos peleles de un programa psicológico de guerra que subyace en nuestra mente colectiva, es posible que dejemos de buscar culpables para castigar, dejemos de crear enemigos para pelearnos con ellos, y empecemos a buscar la forma de intentar cambiar las líneas de ese fatídico programa mental inconsciente que tanto sufrimiento y destrucción nos ha causado a la Humanidad, y nos sigue causando. INFORMÁTICA >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> Vamos a dedicar a esta joven ciencia un mayor número de páginas que al resto de las ciencias, ya que ha sido ella, y sigue siendo, la principal responsable de la revolución cultural que estamos estudiando. Por lo tanto, dividiremos en varios capítulos diversos temas de la revolución informática estrechamente relacionados con la virtualidad. REALIDAD VIRTUAL Empezaremos analizando el término “realidad virtual”, ya que se trata de una expresión tan puesta de moda en los últimos años, y tan utilizada para definir multitud creaciones informáticas diferentes, que su correcto significado prácticamente se ha olvidado. La popularidad de esta expresión comenzó por la fascinación que tanto los diversos mundos generados por el ordenador, como los sistemas de inmersión en ellos, causaron en gran parte de la población. Avances tecnológicos que no cesan de evolucionar, esforzándose constantemente por mejorar las fascinantes sensaciones de realidad que nos ofrecen de sus mundos inventados. Evolución tecnológica que ha creado un sinfín de ciberespacios a los que se llama genéricamente realidades virtuales, los cuales distan mucho de alcanzar lo que definen. No se han logrado todavía ni ciberespacios tan reales, ni sistemas de inmersión tan perfectos, que nos hagan sentir nuestra existencia en ellos de forma semejante a como nos sentimos en nuestra realidad habitual. Lo que se da en llamar habitualmente realidades virtuales son aproximaciones a lo que debería de ser una auténtica realidad virtual. Los sueños que tenemos mientras dormimos se aproximan más a dicho calificativo que las torpes inmersiones en los mundos artificiales generados en los ordenadores. Esto es algo que hemos de tener claro para el estudio del virtualismo. Nuestra realidad, bajo el supuesto de que pudiera ser virtual, no se puede comparar seriamente con los mundos artificiales informáticos. A pesar de que el virtualismo haya nacido de esta comparación, todavía no es posible construir una réplica informática de nuestra realidad. Para tener una idea aproximada de lo que puede ser una realidad virtual tenemos que recurrir a la ciencia-ficción, donde se da por supuesto que en un futuro seremos capaces de crear mundos artificiales casi perfectos y de meternos en ellos sin apreciar grandes diferencias; utópica idealización científica que lamentablemente tiene muy pocas posibilidades de que pueda llegar a conseguirse, al menos en las próximas décadas. Cuando estudiamos la posibilidad de que nuestro mundo pudiera ser virtual, hemos de ser conscientes de que todavía no podemos compararlo plenamente con los mundos artificiales que disponemos en la actualidad, aunque los definamos como realidades virtuales; sin embargo, sí podemos hacernos una idea de lo que puede ser una realidad virtual integra observando los supuestos que nos muestra la ciencia-ficción o los sueños que tenemos mientras dormimos. De esta forma tendremos una idea más aproximada, de lo que puede ser una realidad virtual, que si aceptamos como realidades virtuales a la infinidad de creaciones informáticas actuales calificadas como tal pero que en realidad son simples aproximaciones. VIDEOJUEGOS Para el virtualismo resulta muy interesante estudiar el fenómeno social en el que se han convertido los videojuegos. Gran parte de la población juvenil permanece “enganchada” a la moderna adicción de jugar y jugar frente a las pantallas donde se escenifican las tramas de entretenimiento. Un modernismo que se atribuye a la seducción de las nuevas tecnologías, olvidándose a menudo de que el hombre siempre sintió atracción por el juego, aunque no siempre tuvo tiempo para jugar. El juego es un placer tan seductor que muchas personas están enganchadas a él sin necesidad de intervenir en el hecho de jugar. Los juegos deportivos tienen millones y millones de seguidores que se limitan a ser meros espectadores. El fútbol ―por ejemplo― ejerce una enorme fascinación en las masas, y sin que la población participe directamente en el juego. ¿Cómo no van a seducir a los jóvenes los juegos informáticos cuando les permiten ser protagonistas del jugar?Aunque sean juegos virtuales, desarrollados en la irrealidad de burdos ciberespacios, la oportunidad que ofrecen de ser protagonistas aumenta su seducción. En esa particularidad es donde reside su principal atractivo, porque las imágenes de las pantallas, y los sistemas de inmersión y de participación en los juegos, pueden ser pasmosamente simples. Todos hemos visto jugar con esas maquinitas que caben en la palma de la mano a nuestros niños, donde hace falta tener bastante imaginación para distinguir a los muñequitos que aparecen en sus pequeñas pantallas de cristal líquido. Y tanto los videojuegos de ordenador, como los de las videoconsolas, nos muestran simplones escenarios y torpes personajes de artificiales movimientos. Es evidente que la seducción adictiva de los videojuegos no reside ni en la tecnología, ni en la calidad de las imágenes, ni en los sistemas de inmersión en ellos, sino en el hecho de jugar. Por supuesto que a medida que se vayan mejorando la calidad de los ciberespacios, perfeccionando la definición de los personajes y los sistemas de inmersión, su atractivo aumentará considerablemente. Aunque siempre predominará como principal atractivo la trama del juego, las dificultades a superar, la aventura, el reto. Este espíritu jugador de los seres humanos puede darnos alguna pista para intentar encontrar respuestas a las grandes preguntas que se plantea el virtualismo. Dando por supuesto que nuestra hipótesis pueda ser cierta, cabe preguntarse por qué nos encontramos inmersos en una realidad virtual. ¿Cuál es el motivo?¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?¿No será nuestro mundo un inmenso videojuego creado para satisfacer las apetencias de nuestro espíritu jugador? Probablemente sean los aficionados a los videojuegos quienes estén mostrando la atracción primigenia que forjó los principios de la creación, quizás la atracción que ellos sienten por sumergirse en los videojuegos sea la misma que nos introdujo a todos en el juego de la vida. Los aficionados a los videojuegos tienen una predisposición muy favorable para comprender el virtualismo, por la sencilla razón de que ―si es cierto que nuestro mundo es una realidad virtual― es muy probable que dicha realidad sea un impresionante videojuego en el cual estamos inmersos. Muy a menudo se ha considerado el vivir en este mundo como un participar en el juego de la vida. Un juego que frecuentemente deja de ser divertido, pues da la sensación de ser él quien juega con nosotros, en vez de ser nosotros quienes jugamos con él. Convirtiéndose con demasiada frecuencia, para los seres vivos, en un juego de vida o muerte sobre el tenebroso tablero del vivir diario que obliga a comer o a ser comido. El juego de la vida es un juego con muy mala leche. Como espantosos comecocos, las partículas de vida necesitan comerse unas a otras para sobrevivir. Y los seres humanos, aunque hayamos evitado ―gracias a nuestra inteligencia― ser alimento de las fieras, somos pasto de los virus o de las bacterias con más frecuencia de lo que quisiéramos. El juego de la vida está lleno de trampas, de difíciles pruebas a superar, de retos casi insuperables que causan desesperación, repleto de ataques que causan dolor, y con un final mortal: la muerte; un juego que parece no dar esperanzas de ganar. Y aun así es un juego que también nos divierte. El ser humano es un jugador sorprendente, no cesa de perder y perder durante siglos jugadas en las que al final pierde la vida, y todavía no pierde la esperanza de ganar. Incluso se llega a inventar multitud de premios religiosos para cuando haya recibido el jaque mate y se lo estén comiendo los gusanos. Este entusiasmo por ganar, esta negativa reconocerse como perdedor, me hace sospechar que quizás exista alguna forma de ganar realmente el juego de la vida. Además, no creo que nuestro espíritu jugador ―creador de nuestra realidad según nuestro supuesto― haya creado un juego tan descomunal sin darnos la oportunidad de salir victoriosos. No es lógico que nuestra mente colectiva, nosotros en esencia, hayamos creado un juego para sumergirnos en él y para perderlo siempre, sin alternativas de ganarlo, porque entonces dejaría de ser un juego. Si los avances tecnológicos y científicos siguen su curso, y los investigadores de la vida artificial y los creadores de videojuegos unen sus esfuerzos, es posible que pronto conozcamos videojuegos de vida artificial. Entonces, a medida que vayan perfeccionándose sus programas, podremos ser testigos de cómo el ser humano vuelve a recrear la creación en los universos virtuales, para volver a sumergirse en ellos impulsado por su instinto aventurero, parte importante de su instinto de vida, impulso de jugador. Si continuamos perfeccionando las simulaciones de actividades humanas en los videojuegos, y alcanzamos a imitar en ellos nuestra vida con cierta calidad, es posible que tales programas nos sirvan de ayuda para entender el juego de la vida y para aumentar nuestras posibilidades de ganarlo. VIDA ARTIFICIAL Se comenta que los expertos en vida artificial están jugando a ser dioses. Crean mundos en los ordenadores y los pueblan con unos seres virtuales que pretenden tengan vida propia. Inventan sistemas biológicos artificiales, simulaciones informáticas de la vida gobernadas por complicados programas que imitan a las leyes de la Naturaleza. Creaciones que resultan de un gran interés para el virtualismo, pues, si estamos dando por supuesto que nuestra realidad es virtual, de la virtualidad de la vida artificial podremos sacar importantes conclusiones sobre nuestra existencia. Los experimentos más importantes al respecto son aquellos en los que se abandonan las partículas de vida artificial al control del programa informático en un determinado ciberespacio, tal y como presumiblemente están todas las formas de vida abandonadas en nuestro mundo al control de las leyes del programa de la Naturaleza. La vida artificial comenzó con los autómatas celulares, programas informáticos que consiguen que ciertas células virtuales se comporten como lo hacen en los cultivos de los laboratorios las células vivas. Después se hicieron programas que simulaban el comportamiento de ciertas especies, como, por ejemplo, el comportamiento de las hormigas, gobernadas por un programa que imitaba su vida en los hormigueros. Más tarde se ampliaron las simulaciones a otros ámbitos de la vida, llegándose incluso a imitar la evolución de las especies, mediante programas que provocan cambios en los ecosistemas virtuales y, a su vez, consiguen una especie de crecimiento evolutivo en las criaturas artificiales, partiendo del tratamiento de la información. Intentando simular así el comportamiento de la vida en nuestro mundo frente a los cambios ecológicos, creando nuevos seres vivos, de los cuales solamente unos pocos mutantes logran adaptarse al nuevo entorno y sobrevivir. Con estos ejemplos nos podemos hacer una idea aproximada del rumbo de las investigaciones sobre vida artificial, teniendo en cuenta que son muchos más los campos de la vida que los expertos intentan simular en los ordenadores, con unos programas muy complicados, y en los que está implicada una importante parte de la comunidad científica. Por lo que se trata de unas investigaciones normalmente inasequibles al entendimiento de las personas comunes, pero de tal importancia para los científicos que, desde hace varios años, se están realizando congresos sobre la vida artificial, a los cuales asisten numerosos grupos de los más variopintos especialistas. El primer congreso internacional sobre vida artificial se llevó a cabo en 1987. Desde entonces, científicos de todo el mundo se reúnen con frecuencia para exponer sus creaciones de vida artificial o para debatir sobre las dimensiones científicas que son afectadas por tan controvertidos experimentos informáticos. Expertos en biología y en informática, físicos, filósofos, antropólogos, etc., debaten sobre los avances en vida artificial y las consecuencias que se derivan de ellos. En estas conferencias también se habla de otros fenómenos digitales más conocidos por el público, que, aunque no han sido creados por biólogos, también se consideran próximos a la vida artificial; como es el caso de los virus informáticos. Debido a su comportamiento por las redes de transmisión de datos, y a la sencillez de su composición, se les ha dado ese nombre, pues se asemejan a los virus que pululan por nuestro mundo biológico, especialmente en su capacidad de provocar daños. Otros fenómenos próximos a la vida artificial también conocidos por el público, especialmente infantil, son los Tamagochi. Pequeños animalillos virtuales que necesitan unos cuidados básicos para sobrevivir, necesidades imaginarias que se satisfacen apretando su botón correspondiente. Seres de fantasía que viven toda su vida en un pequeño chip, asomándose a través de una pequeña pantalla de cristal liquido. Simplona forma de vida artificial delicia de los más pequeños precisamente por sus necesidades virtuales, semejantes a las que tendrían que atender si se tratara de una mascota real. La creatividad humana es capaz de crear multitud de seres artificiales, parecidos a los reales o no, y darles vida con la imaginación. Los Pokemon y los Digimon son otra especie muy variada de animales inexistentes en la Tierra, criaturas virtuales capaces de evolucionar, considerados vivos por muchos niños, lo que los convierte en otra forma de vida artificial para los pequeños. Y las mejoras en el ámbito de los videojuegos están consiguiendo que sus personajes sean cada vez más creíbles, a pesar de ser totalmente virtuales, pues toman cada vez más decisiones por sí mismos, dando la impresión de que tienen vida propia. Incluso existen videojuegos ―también considerados de vida artificial― capaces de simular nuestra vida social, compuestos por individuos virtuales que imitan nuestra forma de vivir. Sólo se han de programar las características de su personalidad, las circunstancias de su hábitat, y..., a vivir que son dos días (o hasta que alguien les apague el ordenador). Otros formatos de videojuegos ―también considerados de vida artificial― se están especializando en la evolución de las civilizaciones, de los pueblos o de las tribus. Se trata de una sorprendente forma de simular los acontecimientos históricos en los ordenadores, de jugar con ellos, de tener la oportunidad de cambiarlos, y de observar la multitud de rumbos que un pueblo puede llegar tomar según varíen las circunstancias de su entorno, según varíen sus propias decisiones, su capacidad de lucha y de afrontar las adversidades. Simulaciones virtuales de los acontecimientos sociales sumamente didácticas, en las que el jugador ha de responder con destreza a las dificultades que le platea videojuego, a los acontecimientos sociales simulados, para que la civilización que comanda salga victoriosa de las adversidades o de los ataques de sus enemigos. El jugador, si sabe aprovechar las oportunidades, puede conseguir que su pueblo prospere, incluso puede conquistar nuevos territorios para el beneficio de los suyos; o, por el contrario, si no es un hábil gobernante, acabará por llevar a su pueblo a la ruina. Es evidente que muchos de los logros conseguidos por los científicos en vida artificial acaban tarde o temprano por entrar en el mercado de los videojuegos. Pero hemos de tener en cuenta que los programas utilizados por los científicos no transcienden al mercado digital, con la intensidad que lo hacen los videojuegos, por la sencilla razón de que son programas aburridos para el típico consumidor del entretenimiento virtual. En los programas de vida artificial, con cariz de investigación, apenas se interviene; basta programarlos y dejar vivir su vida a las formas de vida virtual que contenga. Simulaciones muy interesantes para los científicos, pero aburridas para quien quiere jugar. Investigaciones Importantes también para el virtualismo porque, si estamos en lo cierto cuando suponemos que vivimos en una realidad virtual, los creadores de vida artificial estarán creando las simulaciones más aproximadas a nuestra realidad existencial que nunca se hayan realizado. Y, todo parece indicar que así es, pues las simulaciones informáticas de la vida sorprenden por su parecido con la vida material. Incluso algunos expertos ven tan semejantes estas dos formas de vida que sugieren la posibilidad de que, si una está generada en los ordenadores, la otra puede que se esté generando de la misma manera. Esto resulta tan evidente para algunos científicos que en los congresos de vida artificial ya se está hablando de la posibilidad de que nuestra realidad sea virtual, generada en un enorme ordenador. Y a medida que vayan avanzando las investigaciones sobre vida artificial, las diferencias entre las dos formas de vida se irán reduciendo todavía más. Hasta el punto de que pueda dar la sensación que ya son totalmente similares, exceptuando, por supuesto, la materia de la que están compuestas cada una de ellas. Pero, probablemente, cuando se intente imitar al ser humano íntegramente, los creadores de vida artificial empezarán a tener ciertas dificultades para realizar simulaciones creíbles. En el estudio de las células, y hasta en el de los animales, podemos observar con cierta claridad las puras matemáticas de la vida, las leyes naturales, rigiendo su existencia; lo que facilita su simulación artificial en los ordenadores, su programación; pero, cuando llegamos a estudiar a los seres humanos, no encontramos esas matemáticas de la vida con la misma facilidad. Y es que, como venimos indicando, en los seres humanos ―según nuestro supuesto― se da con gran notoriedad en muchas ocasiones una doble condición, debido a nuestro elevado grado de conciencia sobre las otras formas de vida. Por un lado somos animales y estamos sometidos a las leyes de nuestra naturaleza animal, a las leyes del programa de esta nuestra supuesta realidad virtual; pero, por otro lado, tenemos otra naturaleza que no está sometida a dichas leyes. Tenemos un elevado grado de conciencia que puede revelarse contra las leyes naturales y conseguir que a sus matemáticas no le salgan las cuentas. Y si es cierto que vivimos en una realidad virtual, y somos robots biológicos virtuales habitados por una conciencia, los creadores de vida artificial tendrán que hacer lo mismo para conseguir una simulación perfecta. Es decir, cuando consigan crear cuerpos humanos virtuales de cierta calidad, tendrán que construirlos de tal forma que puedan ser habitados por una conciencia, por la conciencia de cualquier persona que se preste al experimento. Entonces sería cuando tendríamos una simulación con la doble condición que el virtualismo nos muestra en la naturaleza humana. Por supuesto que no va a ser fácil realizar tal experimento, pues todavía la vida artificial se encuentra en sus inicios, simulando formas de vida muy sencillas. Pero, si somos capaces de tener una idea clara de lo que tenemos que conseguir para simular con cierta calidad nuestra existencia, se podría empezar con sencillos experimentos, no faltos de dificultades por supuesto. Cuando se creara un mundo virtual donde vivieran sencillas criaturas virtuales, debería crearse a su vez un sistema de inmersión en tal ciberespacio, mediante la tecnología de realidad virtual, que nos permitiera meternos en al menos una de dichas criaturas virtuales, para poder ver a través de sus ojos y oír a través de sus oídos, como mínimo. Si esto llega a conseguirse, sería una experiencia piloto muy importante. Si se creara una colmena virtual ―por ejemplo― con un programa que la mantuviera en actividad constante, tal y como sucede en la realidad; y, a su vez, se creara un sistema de inmersión que le permitiera a una persona “sumergirse” dentro de una de las abejas, sería una experiencia digna de ser vivida. Podríamos sentirnos zarandeados por las leyes de la vida, artificial en este caso, llevados de un lado a otro sin remedio, con una libertad limitada por el programa, realizando unas u otras tareas según las leyes de la colmena. Tal y como nos podemos sentir en muchos momentos de nuestra vida, zarandeados por el programa de la vida o de la sociedad en la que vivimos, sin que en muchas ocasiones podamos hacer nada por evitarlo. En este experimento podríamos sentir como las leyes del mundo virtual gobiernan la existencia de los personajes que pueda contener, tal y como las leyes de la Naturaleza gobiernan la existencia de los seres vivos del mundo material. Si los creadores de vida artificial se toman en serio esta sugerencia y consiguen realizarla, con la ayuda de la tecnología de realidad virtual, habrán logrado un simulador de la vida que nos permitirá comprender mucho mejor a los seres vivos. Y si algún día se consigue crear vida artificial humana, y podríamos introducirnos en un cuerpo virtual mediante los sistemas de inmersión tal y como ya nos muestra la ciencia-ficción, entonces podríamos comprender mucho mejor a nuestra raza. Pues, si es cierto que vivimos en una realidad virtual, esos experimentos nos aportarían la simulación perfecta de la vida en general y de la nuestra en particular. Una oportunidad tan tentadora para el conocimiento de la vida que no deberíamos desaprovechar. Esperemos que los técnicos en realidad virtual trabajen en común con los creadores de vida artificial, y esperemos que puedan disponer de la suficiente ayuda financiera para que semejantes investigaciones puedan llevarse a cabo. Ayudas económicas que, además de provenir de los siempre limitados presupuestos que las universidades dan a los laboratorios, también podrían venir de las grandes multinacionales que producen l |